Agenda

15-M: De la indignación a la revolución

El 15M y la lucha para cambiar el mundo

Se está viviendo quizá la recesión más profunda de la historia del capitalismo, los ricos y poderosos del mundo, los mismos que dirigen el sistema que ha causado la crisis intentan recuperar sus beneficios recortando los servicios públicos para salvar a los bancos, despidiendo a miles de trabajadores y trabajadoras o lanzando guerras imperialistas. A lo largo y ancho del planeta las respuestas a estas políticas asesinas están apareciendo. Los ejemplos de las revoluciones de Túnez o Egipto han animado a millones de personas a luchar. Desde Grecia a EEUU, de Brasil al Estado español. Aquí desde el 15 de mayo el panorama de pesimismo ha cambiado. Desde la ocupación de las plazas ha aparecido un movimiento que ha encendido la llama de la esperanza. En este folleto se intentará dar algunas líneas para entender el 15M y plantear algunas líneas estratégicas para avanzar a ese otro mundo posible que tantos y tantas anhelamos.

Introducción
1: 15M: un breve contexto histórico
2: La situación social y el impacto del 15M
3: “Nadie es neutral en un tren en marcha”: las izquierdas en el 15M
4: Las organizaciones en el movimiento
Conclusiones: 15M ¿Ahora qué?
Apéndice: Cómo conseguimos una democracia real
Nota final de los autores
Notas

Publicado por En lucha. Segunda edición: noviembre de 2011.

Sobre los autores:

Oscar Simón Bueno es vecino de Sants (Barcelona) y profesor de Secundaria. Milita en En Lucha y ha participado en las movilizaciones anticapitalistas de Génova y Florencia, en el movimiento antiguerra, en V de vivienda y actualmente en el 15M de Barcelona, de forma destacada en la Asamblea del barrio de Sants.

Pere Duran es licenciado en Historia por la Universidad de Barcelona. Activista anticapitalista y militante de En Lucha desde su paso por el Instituto de Educación Secundaria Verdaguer. Durante el auge del movimiento anticapitalista participó en las movilizaciones que hubo en varias ciudades contra las grandes organizaciones neoliberales. Activista del movimiento Antibolonia y de la Assemblea de Barcelona.


Introducción

A principios de 2011, cuando más arreciaba la crisis, las revoluciones del norte de África, especialmente en Túnez y Egipto, electrificaban el ambiente, traían, una vez más, al escenario de la historia la acción revolucionaria de las masas. La valentía y la determinación de las gentes del norte de África resistiendo en las plazas, organizando huelgas y protestas masivas hasta derrocar a los dictadores fue contemplada en directo por millones de personas en el mundo entero. Las victorias de Tahrir llenaron los bares, los centros de trabajo y de estudio y las calles de debates sobre la capacidad de luchar y vencer. Valga recordar que el primer lugar donde comenzó este ciclo de luchas tuvo lugar en el Sahara Occidental en Gdem Izik en noviembre de 2010, fue el llamado “Campamento de la dignidad” donde miles de saharauis se agruparon para luchar por sus derechos y fueron brutalmente reprimidos por el Estado marroquí.

A la vez, las luchas en Grecia contra los planes de austeridad y la victoria en Islandia, que ha llevado a no pagar la deuda, a encarcelar a algunos banqueros y a juzgar al presidente, llegaban a miles de personas y, de alguna manera, contribuían a agrietar el muro de apatía y resignación que atenazaba a la sociedad del Estado español. Sociedad golpeada por un paro altísimo, la lacra de los desahucios, un gobierno “socialdemócrata” aplicando políticas neoliberales y unas centrales sindicales mayoritarias que después de convocar una huelga general el 29-S habían entrado vergonzosamente al pacto social, aceptando sin luchar el recorte de las pensiones. En este contexto, la manifestación de la plataforma ‘Juventud sin Futuro´ bajo el lema “Sin Casa, Sin Curro, Sin pensión, Sin miedo” conseguía aglutinar, con métodos inspirados en cierta manera en ‘V de Vivienda’, a algunos miles de personas en varias ciudades, especialmente en Madrid, superando el techo de cristal de la izquierda radical.

El 14 de abril, una concentración de trabajadores del sector público contra los recortes en la plaza Sant Jaume de Barcelona, contó con cerca de 20.000 personas que, desbordando la convocatoria sindical, convirtieron la concentración en una manifestación que cortaba la Ronda del Litoral (una de las principales arterias del tráfico de la ciudad) y acababa en la fuente de Canaletas, donde un manifestante llamaba, quien sabe si premonitoriamente, a convertir la plaza de Catalunya en la plaza Tahrir.

El sábado 14 de mayo por la mañana, ya en plena campaña por las municipales cerca de 80.000 personas convocadas principalmente por los sindicatos y las organizaciones de la izquierda parlamentaria se manifestaban en defensa de los servicios públicos. Es necesario destacar la gran presencia de personal sanitario y, por primera vez, de la comunidad educativa agrupada en el movimiento “Marea Amarilla”. El 15 de mayo por la tarde, Democracia Real Ya y Juventud sin Futuro convocaban una manifestación que reunía a decenas de miles de personas en diferentes ciudades, siendo la más numerosa la de Madrid (unas 50.000 personas) y 15.000 en Barcelona. Esa misma noche, un grupo de cientos de personas decidió acampar en Madrid, en Barcelona no sucede hasta el lunes que 40 personas deciden quedarse a dormir en Plaza Catalunya. La madrugada del 17 de mayo, a las 5:00 de la mañana, los agentes antidisturbios de la policía nacional en Madrid desalojaron a los acampados, pero éstos no abandonaron y la tarde del mismo día miles
de personas recuperaron la Plaza del Sol.

Es en este momento cuando las energías sociales acumuladas que permanecían invisibles fructificaron en cientos de acampadas masivas a lo largo y ancho del Estado y luego del mundo. Se desencadenó un proceso democrático impresionante que cambió totalmente el panorama político y social del Estado español, uno de los 20 países más ricos del mundo. La irrupción de lo que luego se llamó el “Movimiento 15M” demostró algo que conviene recordar: nadie puede prever cuando surgirá un nuevo sujeto político. Durante años todos los sectores de la izquierda radical se esforzaron en conectar con los sectores que estaban sufriendo la crisis, cada uno con sus tácticas, desde la huelga de indentidades, planteada en el piquete central de Barcelona en la huelga del 29S, a los foros sociales, pero sin conseguir que las chispas se convirtieran en llamas.

La aparición del 15M demostró, que en aquellos lugares donde los activistas, con experiencia estaban presentes, pudieron ofrecer metodologías como la asamblearia, e infraestructuras. Así como las organizaciones revolucionarias no hacen las revoluciones, los activistas no hacen los movimientos. Pero sí pueden ayudar, un engranaje pequeño puede mover otro más grande. La sabia nueva del movimiento fluyó ayudada por las raíces que habían sobrevivido al largo invierno, trayendo una primavera llena de esperanzas. Otra vez mayo, casualidad o no, ¿quién sabe? y es más ¿a quién le importa?

En un momento histórico marcado por la recesión económica, por los recortes, los despidos, las guerras y el deterioro medioambiental. Marcado también por ciertas divisiones entre los EEUU y la UE por primera vez en muchos años. En este preciso momento ha reaparecido la revolución en Egipto y Túnez. La situación es muy volátil, nadie puede predecir qué pasará. Existen momentos en que se abre un abismo entre la explicación que uno tiene del mundo y la experiencia vivida en este, la crisis y sus efectos han ido distanciando la población de las ideas y costumbres que tenían integrados.

La plaza y la participación colectiva han dado un paso más al empezar a construir una nueva visión del mundo, donde se visualizan y se denuncian los responsables de la injusticia, y donde se proclama la voluntad y las alternativas para hacer funcionar el mundo de otra manera.

La salida capitalista a la crisis que ellos mismos han consiste en más recortes, más despidos, más destrucción medioambiental, más opresión de género, más racismo y xenofobia. La salida anticapitalista basada en la solidaridad podría suponer abrir la puerta a un mundo nuevo donde las necesidades de las personas estuvieran por encimas de los beneficios empresariales.

Puede que gane las elecciones el Partido Popular (PP) y traiga la motosierra o que siga gobernando el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) mediante recortes menos salvajes, dada su diferente naturaleza. Lo que digan los parlamentos lo podemos cambiar desde las calles. Alguien dijo que si luchas puedes perder pero si no luchas estás perdido. Las asambleas masivas nos han demostrado de lo que somos capaces, comedores autogestionados, decisiones democráticas, debate, solidaridad y muchas otras cosas. El camino no va a ser fácil ni corto, la recesión de 1929 no llegó a su fin hasta 1945. El mundo camina por el filo de la navaja y de las personas que lo habitamos depende el presente y el futuro. No podemos elegir en qué circunstancias luchar pero sí si hacerlo o no, en eso precisamente consiste la libertad. Discernir el mejor camino para llegar a la victoria sobre el capitalismo es una cuestión de especial relevancia en estos momentos. Sin querer dar lecciones a nadie, en las páginas que siguen intentamos aportar algunas ideas que creemos importantes. Ideas sobre la historia de los movimientos, ya que el 15M no nace de la nada, reflexiones sobre cómo los procesos de lucha afectan a la ideología de las personas implicada. Aportar nuestra posición sobre ciertos debates del movimiento, nuestra visión sobre qué es y para qué sirve una organización y discutir algunas perspectivas a medio plazo.

En lucha, octubre de 2011


1. 15M: un breve contexto histórico

El Movimiento 15M, igual que todos los movimientos sociales y las luchas colectivas que lo han precedido, condiciona e influye sobre la época en que se desarrolla. Pero no condiciona tan sólo el presente, sino también el futuro, pues las experiencias vividas permanecen, en mayor o menor medida, en la memoria colectiva e individual de las personas. En este aprendizaje, generado en un presente concreto, es donde se articulan las decisiones del futuro.

La correlación de fuerzas

La historia de los movimientos sociales y obreros del Estado español es muy rica e intensa. Las clases populares y trabajadoras del Estado han sido un dolor de cabeza constante para las autoridades de turno. Su fuerza social ha hecho caer regímenes monárquicos, ha colectivizado la tierra e incluso ha generado una de las experiencias revolucionarias más profundas de la historia de la humanidad: la Revolución de 1936. La propia dictadura franquista que salvó el capitalismo español y su clase dirigente también murió gracias a la agitación de los barrios, las fábricas y las universidades.

Todos estos sistemas políticos y económicos se han sustentado y se sustentan sobre la ideología y la represión. En la actualidad, la ideología oficial certifica que el gobierno liberal democrático es la mejor forma de organizar la sociedad. Las leyes, las costumbres, la cultura y los medios de comunicación de masas se encargan de demostrar que sólo existe una realidad posible -falta dinero porque los pobres cometen fraude con la Renta Mínima de Inserción (RMI), o si los mercados dicen que debemos recortar estamos obligados a hacerlo- . Cuando el convencimiento ideológico sufre fisuras y la gente protesta, porque entiende que determinadas actuaciones del sistema son injustas o porque critica el sistema en su conjunto, el poder recurre a la represión; criminalizando mediáticamente a los “agitadores”, disolviendo manifestaciones a golpes de porra o deteniendo personas que han participado en las protestas. Cuando la pluma ya no es efectiva, la espada convence a los incrédulos.

Hablar de la historia de los movimientos sociales es hablar del desarrollo de estas fisuras, hablar de las personas que se enfrentan a la ideología oficial, de cómo se organizan para hacer llegar más lejos su voz, de qué estrategias llevan a término para conseguir sus objetivos, de cómo se enfrentan a la represión. La contundencia y la envergadura de esta pugna cambia a lo largo de la historia. Hay momentos en los que esta lucha es más explícita, otros en los que la pasividad social domina, momentos en los que una minoría radicalizada se enfrenta al poder, otros en los que mucha gente pide pequeñas reformas, etc. Desgraciadamente, el convencimiento y la capacidad de regeneración del sistema son altísimos. Este balance entre los movimientos sociales y el propio desarrollo del capitalismo se conoce como correlación de fuerzas.

Investigar esta historia tiene un doble objetivo. Por un lado, nos ayuda a comprender más profundamente la actualidad y sus contradicciones, nos ayuda a comprender el presente, tal y como ya hemos dicho más arriba. Por otro, nos permite discutir cuáles han sido los errores y los aciertos de estas experiencias pasadas, un análisis que nos da una serie de referencias sobre cómo actuar correctamente en el presente para influir en el futuro.

La historia y la praxis del Movimiento 15M

Es cierto que el Movimiento 15M contiene elementos nuevos, porque la sociedad y todo lo que la rodea ha cambiado, pero no es menos cierto que contiene muchos elementos de continuidad con el pasado. Esta contradicción nos permite sacar dos conclusiones preliminares: no podemos repetir mecánicamente lo que hicieron otros movimientos sociales porque el contexto ha cambiado, pero tampoco podemos justificar que las experiencias del pasado no son válidas porque no todo haya cambiado completamente. De hecho, será también el estudio de la historia lo que nos permitirá juzgar con mejor criterio las características de los elementos nuevos y el impacto que tienen sobre el conocimiento anterior.

Si el Movimiento 15M nos recuerda que las personas pueden cambiar la historia, la voracidad del capitalismo actual no nos permite el lujo de dejar pasar demasiadas oportunidades para cambiar el orden establecido. Necesitamos conocer profundamente lo que hacemos y lo que proponemos como movimiento. Por eso, no podemos obviar las experiencias de aquellos que lo han intentado antes que nosotros. Nadie sabría dónde se despierta si no recordara dónde fue a dormir. No podemos despertarnos pensando que es el primer día de nuestra vida, pues el Movimiento 15M, en el fondo, ya hace mucho que nació: hace más de 150 años que los anhelos de libertad y justicia social se organizan y luchan en nuestras ciudades. Conozcamos pues su historia, conozcamos nuestra historia. Analicemos cuáles son nuestros puntos débiles, nuestras capacidades y nuestros objetivos. El poder capitalista lleva años analizando y perfeccionando sus estrategias de control y explotación para mantener su posición dominante. Nosotros por el contrario imit
amos al condenado Sísifo, siempre que intentamos superar el sistema la piedra rueda hasta abajo de la montaña, nunca llegamos a la cumbre.

Tras la caída del Muro de Berlín y del bloque soviético, la izquierda y los anhelos de transformación social sufrieron una travesía por el desierto, tanto en el Estado como en el resto del mundo. La derrota moral que suponía la caída de la URSS, la falsa Icaria, hizo pensar por unos momentos que el capitalismo había superado todas sus contradicciones, que el libre mercado acompañaría hasta la eternidad al género humano.

La primera Guerra del Golfo de 1990 o la revolución Zapatista iniciada el día 1 de enero del año 1994 nos mostraron que las contradicciones del sistema no se habían resuelto. El impacto de la revolución Zapatista llegó a EE.UU el año 1999. Todo el mundo vio cómo miles de activistas sociales y sindicalistas bloquearon la reunión de la Cumbre de la OMC en la ciudad de Seattle. Tras tocar fondo, la contestación social, volvía a emprender el vuelo.

El bloqueo del FMI en Praga en el año 2000 y el del G8 en Génova -dónde murió asesinato por la policía Carlo Giuliani- fueron las primeras experiencias europeas de este nuevo movimiento anticapitalista que se estaba gestando a nivel mundial. Centenares de activistas del Estado español que participaron en estas protestas aportaron todas estas experiencias a los movimientos sociales y al tejido organizado del Estado, regenerando, potenciando y ampliando todo este tejido social.

El principal aglutinador de aquel movimiento era la crítica radical al poder que ejercían los grandes organismos, como la Organización Mundial del Comercio (OMC) o el Banco Mundial (BM), en el futuro de nuestras vidas. Ya entonces se gritaba en los bloqueos y manifestaciones “primero las personas y no los beneficios”, una máxima que conecta directamente con uno de los principales lemas del Movimiento 15M, “no somos mercancías en manos de políticos y banqueros”.

Pese a la enorme fuerza que tenía y la esperanza que despertaba, este movimiento tenía una carencia enorme y no conseguirá forjar la capacidad de parar o transformar aquello que criticaba. Las movilizaciones no consiguieron por sí mismas frenar la lógica neoliberal de la globalización. Desgraciadamente las fuerzas y capacidades del movimiento no se correspondían con el esfuerzo que exigía un cambio tan profundo.

Movimientos sociales en el Estado español

El movimiento antiglobalización tenía dos precedentes claros en el Estado español, la campaña por el 0’7 (dedicar el 0,7% del PIB a los países no industrializados) del año 1994 y la consulta social sobre la abolición de la deuda externa de los países empobrecidos el 14 de marzo del año 2000. Tras la consulta nacieron dos grandes movimientos sociales que pese a no conseguir sus objetivos fueron significativamente masivos y concurridos.

Los encierros de personas migradas y las manifestaciones antirracistas contra la Ley de Extranjería del año 2000 supusieron un duro revés al racismo institucional del Gobierno. Pese a no parar la represiva Ley de Extranjería, consiguió frenar el discurso racista y ayudó a visualizar y sensibilizar la sociedad hacia un nuevo estrato social que el capitalismo había generado, los ciudadanos inmigrantes sin derechos sociales ni laborales.

Las movilizaciones estudiantiles contra la LOU del curso 2001-2002 sublevaron todas las universidades. La Ley Orgánica de Universidades (LOU) era la ley que comenzaba los primeros pasos de la reforma universitaria que conocemos actualmente como el Plan Bolonia. Los encierros en numerosas facultades y una gran manifestación en Madrid dejaron patente la enorme oposición a la mercantilización de la universidad. Incluso algunos rectores anunciaron en un primer momento la insumisión a la nueva ley.

Estos movimientos nacían a raíz de las políticas del PP. Pero la oposición no hubiera sido tan grande y visible sin las semillas que habían sembrado los movimientos sociales anteriores. Dos sencillos ejemplos darán fe de este hecho. La gente más consciente que había acampado por el 0’7% fue el núcleo promotor de la consulta contra la deuda externa, mientras que los estudiantes que hicieron los encierros contra la Ley de Extranjería serían los que al año siguiente las iniciaron contra la LOU. Los movimientos sociales mutan y se desarrollan, y es en esta evolución donde pueden crecer cuantitativamente y cualitativamente, según las fortalezas y debilidades que los caracterizan y el mayor o menor acierto de sus estrategias.

Dos luchas ecologistas también marcaron la legislatura, el Plan de Transvase de las aguas del Ebro y el accidente del petrolero Prestige ante las costas gallegas. El desastre ecológico que suponía el plan de transvases y el que supuso el Prestige, unido a la mala gestión con la que se trató, provocaron un enorme rechazo y una movilización sostenida en Catalunya y Galiza, una protesta que llegó a otras muchas partes del Estado español.

Ninguna de estas luchas consiguió frenar el motivo por el cual protestaban. Pero socializó y extendió la crítica social, a la vez que posibilitó la acumulación de una serie de experiencias que permitían, a los activistas, mejorar su intervención en la realidad.

Auge del movimiento anticapitalista

El PP aplicaba sus medidas sin el consenso de los agentes sociales ni del Congreso de los Diputados, la mayoría absoluta abrumaba cualquier oposición. Este hecho provocaba que cada medida del Gobierno hiciera crecer algo más la indignación general.

El nivel de agitación era tan grande que la reunión que debía realizar el Banco Mundial el año 2001 en Barcelona se acabó suspendiendo por el temor que generaba la respuesta del movimiento anticapitalista y de los movimientos sociales de la ciudad y del Estado.

El año 2002, coincidiendo con la presidencia Esapañola de la UE se celebró una cumbre. El gobierno de Aznar blindó la ciudad, en especial la zona universitaria. Sin embargo durante toda la semana se celebraron charlas y bloqueos que culminaron en una enorme manifestación que aglutinó a cerca de 500.000 el día 16 de Marzo de 2002 bajo el lema Contra la Europa del Capital y la Guerra. El trabajo de años de centenares de activistas -programando charlas, organizando manifestaciones, autocares para ir a bloquear los organismos internacionales- había sido fructífero, había catalizado y promovido una gran oposición a la deriva neoliberal e imperialista de la Unión Europea. Durante la semana de la cumbre se celebró una gran manifestación sindical europea que reunió a más de 100.000 sindicalistas venidos de toda Europa. Los acontecimientos abrieron el camino a la huelga general.

La huelga general del 20J. El día que la clase trabajadora pudo con la mayoría absoluta del PP

Este ambiente acabó provocando que los sindicatos oficiales CC.OO. y UGT convocaran una huelga general contra los planes económicos del PP. El sindicalismo oficial hacía tiempo que se estaba dedicando a gestionar la correlación de fuerzas en el mundo laboral a través del consenso y la paz social. Pero en aquel nuevo contexto de agitación social y crítica generalizada a las medidas neoliberales no era ajeno a las bases de los grandes sindicatos. Los afiliados, de forma directa o indirecta, acabaron presionando a las direcciones y la burocracia de estos sindicatos para oponerse frontalmente a la Reforma Laboral y del Paro que pretendía imponer el PP. La fuerza del movimiento había hecho cambiar todo el panorama político, hasta el punto de cambiar la posición aparentemente inmovilista de los grandes sindicatos. Se convocaba una huelga general por primera vez después de 8 años.

La huelga general del 20 de Junio de 2002 tuvo un gran índice de seguimiento. La gran industria, los transportes, la educación, etc. Todo se paralizó. La Reforma laboral y del Paro que quería aprobar el PP vía decretazo fue el único gran plan del Gobierno que los movimientos sociales consiguieron echar atrás, la única victoria real.

Hasta ahora el gobierno del PP había podido resistir la presión de los movimientos sociales, pues aparte de la batalla ideológica, la protesta no amenazaba las estructuras reales del poder político y económico. Cierto es que la correlación de fuerzas había desplazado el eje hacia la izquierda. Tanto en el plano ideológico como en el organizativo la izquierda anticapitalista y los movimientos sociales habían crecido cuantitativa y cualitativamente. Pero ni el impacto de los enormes movimientos sociales ni la pequeña extrema izquierda organizada ejercía una presión real para hacer girar la política del Gobierno.

El 20 de junio entraba en acción un nuevo factor, la clase trabajadora salía a escena participando en una huelga general. De hecho los actores no eran nuevos, pues era la propia clase trabajadora la que organizaba y protagonizaba los movimientos sociales, pero sí que cambiaron de papel, ahora expresaban su condición de clase, y lo hacían paralizando la producción y la distribución de mercancías del Estado español. Esta paralización económica sí que representaba un problema real a las estructuras del poder, pues paralizar la economía significaba paralizar la obtención de beneficios, que son la razón de ser del capitalismo.

El PP captó el peligro que representaba esta amenaza. El problema no era realmente aquel día de huelga, que también, sino la evolución que podía sufrir el contexto político y social con los acontecimientos recientes. En un contexto de agitación política de gran parte de la sociedad, la convocatoria de huelgas económicas podía radicalizar la situación por encima del límite que podía tolerar la estabilidad del sistema. El PP retiró el decretazo para evitar una evolución demasiado radical de los acontecimientos, sacrificando el dedo para salvar la mano.

El movimiento anticapitalista, a pesar de haber provocado la radicalización de las bases de los sindicatos, no tenía una presencia lo suficiente organizada dentro de la clase trabajadora para evitar este giro conservador. Curiosamente, los grandes sindicatos volvían a practicar la paz social en un contexto en el que los movimientos sociales no habían dejado de tomar las calles. El movimiento no había cristalizado orgánicamente dentro de los sindicatos oficiales y tampoco en los sindicatos combativos, mucho más afines a las aspiraciones anticapitalistas.

Movimiento antiguerra

El movimiento anticapitalista se organizaba internacional y regionalmente a través de foros sociales. En estos encuentros se reunían activistas de muchas nacionalidades para analizar la situación política y acordar estrategias globales. En el primer Foro Social Europeo (FSE), que se realizó durante la primera semana de noviembre del año 2002 en Florencia, se acordó que una de las prioridades del movimiento sería protestar contra la agresión imperialista que representaría la Guerra de Irak.

Fue así como el tejido popular, los movimientos sociales y las organizaciones de izquierda de todas partes de Europa y del mundo se pusieron a trabajar en contra de la invasión de Irak.

Como en los casos anteriores el movimiento antiguerra nacía de la mutación de unas fuerzas sociales que ya existían anteriormente. La protesta necesita un tejido social, más o menos cohesionado, que contradiga ideológicamente al Gobierno y que catalice la protesta.

En el caso de la guerra, la batalla ideológica se ganó por goleada. El 93% de la población española acabó oponiéndose a la agresión imperialista a Irak. El movimiento antiguerra había conseguido más influencia en la sociedad que el gobierno del PP. El New York Times llegó a afirmar que existían dos poderes en el mundo, los EE.UU y la opinión pública mundial. Las clases populares y trabajadoras habían destrozado el discurso del sistema, pero se volvían a encontrar huérfanos de instrumentos de presión efectivos para hacer cambiar la actitud del Gobierno. Más de 10 millones de personas salieron a protestar el 15 de febrero del año 2003 por todo el Estado español contra la Guerra de Irak y por la retirada de las tropas españolas del conflicto, y millones de personas lo hicieron en todo el mundo, de hecho el 15 de febrero es la manifestación mundial más grande de la historia. A pesar de ello, el gobierno del PP no hizo caso al clamor popular. En junio del mismo año los sindicatos convocaron a desgana un paro parcial de la economía que tuvo muy poco impacto; fue la última gran protesta de oposición a la guerra al Estado español. La calma aparente volvió a dominar la realidad.

Fue el atentado de Al Qaeda del 11 de marzo del 2004 en Madrid -tres días antes de las elecciones generales- el que actuó de reactivo. Las mentiras del PP, afirmando que los atentados eran obra de ETA, fueron la gota que colmó el vaso. La gente concluyó que las muertes de la estación de Atocha se podrían haber evitado si no se hubiera participado en aquella agresión imperialista a Irak. Y responsabilizó al PP, tildándolo de culpable y de mentiroso. La gente salió espontáneamente a las calles dirigiéndose hacia las sedes del PP para gritar “¡asesinos!”.

El ambiente era mucho más intenso y explosivo que cualquier movimiento social anterior. La espontaneidad de la revuelta era resultado de la acumulación de experiencias y protestas de los últimos años. No fue una convocatoria organizada con tiempo por unos activistas y con mucho trabajo de propaganda como se había hecho hasta ahora, fue la propia conciencia de la gente la que la empujó a la calle a boicotear el PP.

La victoria electoral de la oposición

La victoria del PSOE, marzo de 2004, y su promesa electoral de retirar las tropas calmaron los ánimos generales. La misma noche electoral, cuando se conoció su victoria, el nuevo presidente Zapatero confirmó que haría efectiva la retirada de las tropas. Raramente a lo que nos tienen acostumbrados el sistema, el PSOE hizo efectiva la principal promesa electoral. El nuevo gobierno era muy consciente de que había entrado por la puerta de la izquierda, que había ganado gracias a la actividad constante de los movimientos sociales durante la anterior legislatura del PP. Por este motivo el PSOE actuó con mucha cautela e inteligencia política para desactivar la agitación social. Retiró el Plan Hidrológico del Ebro, retiró las tropas de Irak y promovió reformas sociales progresistas, como el matrimonio homosexual o la ley contra la violencia de género. Los movimientos sociales y la izquierda organizada quedaron totalmente desorientados sin contar con la fuerza unificadora que representaba el gobierno del PP. Aun así, el año 2006 apareció un movimiento social muy interesante relacionado con el acceso a la vivienda . Este movimiento empezó con un correo electrónico anónimo que circuló durante meses por Internet convocando sentadas el 14 de mayo en las plazas de las diferentes ciudades del Estado para reclamar el derecho a la vivienda. Muy poca gente de la izquierda organizada acudió a las plazas. Miles de personas llenaron las plazas, introduciendo un aire nuevo, con demandas como derecho a techo, el fin de la especulación y de la burbuja inmobiliaria, alquiler social, etc. Se continuaron realizando asambleas en las plazas y se convocó la manifestación del 30 de septiembre. Durante todo el verano decenas de personas involucradas de nuevo en la acción política trabajaron en la difusión de la movilización. Ésta tuvo un lema muy contundente: “No tendrás casa en la puta vida”. De alguna manera esta incorrección política denotaba la composición del movimiento. Gente nueva, no politizada, con muchas ganas de cambiar las cosas y gente organizada que estaba muy ilusionada con la posibilidad de salir de los pequeños círculos de siempre. Hay que destacar en Barcelona la tarea de la gente de “Miles de Viviendas”. Los diferentes activistas con experiencia que participaban en V de Vivienda se esforzaron por mantener el carácter abierto y apartidista del mismo. Durante dos años este movimiento convocó manifestaciones cada tres o cuatro meses. Consiguió poner en primera página de la agenda política el acceso a la vivienda y el fin de la burbuja inmobiliaria que hacía funcionar de manera ficticia la economía española. Se debe recordar que prácticamente ningún político ni economista aceptaba que la burbuja existía. El movimiento consiguió tres victorias, no completas pero sí significativas: la aprobación de la Ley del Suelo, dificultando en cierto modo la especulación; la renta de emancipación, una ayuda para los jóvenes para acceder a la vivienda, aun cuando transfería renta pública a la privada suponía una apuesta por primera vez en mucho años de promocionar el alquiler; y la Ley de Vivienda de Catalunya, en especial el artículo 42.6 de la misma (que ahora quiere ser derogado por CIU) que permitía la expropiación del usufructo de las viviendas vacías. Es importante recordar V de Vivienda porque ha marcado mucho la estética, y en muchos aspectos, el cariz del Movimiento 15M. La última manifestación de V de Vivienda tuvo lugar el día 1 de marzo de 2008 y tuvo como eslogan “Ni casa, ni vida , ni nada, no llego a fin de mes”. Prácticamente el mismo que trajo Juventud Sin Futuro el día siete de Abril de 2011:”Sin Casa, sin curro, sin pensión, sin miedo. Los colores eran los mismos (amarillo y negro) y la tipografía muy similar, pero las cuatro similitudes más importantes son: la implicación de gente nueva, el uso de la red para difundir y debatir, el uso de las plazas como espacio político donde las asambleas son soberanas y se decide votando a mano alzada y el carácter apartidista de las protestas. Aun cuando en Juventud Sin Futuro estuvieran implicadas organizaciones de izquierdas, principalmente las juventudes de los partidos que forman IU e Iniciativa per Catalunya-Verds (ICV), éstas optaron por impulsar una movilización apartidista. A partir de esta movilización y de otros sectores se impulsan los grupos de movilización ciudadana que acaban dando forma a Democracia Real Ya (DRY) que, junto con Juventud Sin Futuro, convocarán las manifestaciones del 15 de mayo de 2011, curiosamente 5 años después de la primera sentada de V de Vivienda. El 15M es mucho más profundo y supera con creces la dimensión de V de Vivienda, pero es importante analizar las similitudes para entender hacia dónde puede evolucionar el 15M. V de Vivienda consiguió tres victorias tangibles mediante manifestaciones sostenidas durando casi tres años, victorias que ya hemos mencionado y que el mismo movimiento no las reconoció como tales. Así las asambleas locales fueron cayendo en el desaliento al no encontrar sentido a continuar manifestándose. V de Vivienda no se implantó territorialmente más allá de los grandes centros urbanos, ni tampoco se organizó en los barrios. De hecho este punto marcó una división en Catalunya, donde empezaban a existir grupos a diferentes ciudades y pueblos, pero no se consiguió una vertebración de los mismos, dado que una parte del movimiento entendió que no hacía falta. Así el cansancio, la incapacidad para reconocer, celebrar y valorar las victorias parciales, así como no mantener una coordinación territorial efectiva, entre otros factores, marcaron el fin de V de Vivienda. Recordar aquí a los compañeros de Madrid que todavía están siendo juzgados en el momento de cerrar esta edición.

En parte, las reformas sociales y políticas sirvieron para mantener la política económica liberal sin provocar la gran agitación que el gobierno del PP había causado. La circulación del capital y la obtención de beneficios en el Estado español recuperaba la paz social que tanto necesitaba. La falta de organización del movimiento en el plano laboral imposibilitó un cambio en el discurso para centrarse en la precariedad económica de la vida cotidiana. La protesta social entró en un reflujo del cual no se empezó a salir hasta el inicio de la crisis económica en el año 2008.


2. La situación social y el impacto del 15M

Durante la primera legislatura del PSOE (2004-2008) las luchas sociales y laborales fueron bastante más pequeñas y aisladas que las del periodo anterior. Las manifestaciones contra la Constitución Europea y contra la ocupación imperialista de Irak y Afganistán fueron prácticamente las únicas campañas críticas que habían sobrevivido a aquel movimiento de masas que existía durante la última legislatura del PP. Las manifestaciones contra la guerra de Afganistán -una agresión imperialista tan injusta como la de Irak – no movilizaban más de 10.000 personas en Barcelona o Madrid. Muy lejos quedaba aquella histórica manifestación del 15 de marzo donde más de 8 millones de personas salieron a las calles. Tampoco la elaboración y aprobación de la Constitución Europea provocó el mismo rechazo en las calles que el acontecido durante la presidencia española de la UE. En el año 2005, cuando las políticas contra las que protestaba anteriormente el movimiento se convertían en leyes constitucionales de la UE, las manifestaciones contra la Constitución Europea en febrero del 2005 fueron bastante reducidas. El Referéndum para aprobar la Constitución Europea, el 20 de febrero del 2005, refrendó la Carta Magna con un 55% de abstención.

A pesar del enorme descenso de las movilizaciones sociales apareció un nuevo movimiento durante los años 2006-07 centrado en el derecho a la vivienda, ‘V de Vivienda’. Estas movilizaciones no fueron mucho mayores que sus contemporáneas, ni consiguieron sus objetivos políticos, como el resto de movimientos sociales, pero ejercieron una renovación discursiva, estética y organizativa con una gran trascendencia para los movimientos sociales venideros.

Paradójicamente, durante los primeros años de Gobierno PSOE, la derecha empezó a salir a la calle espoleada por el PP y la iglesia católica. El PP, herido y ofendido por la derrota electoral, encontró en las altas jerarquías eclesiásticas un aliado muy dispuesto a recuperar las “esencias” más conservadoras y rancias de la ‘España profunda’. Manifestaciones contra el aborto y el matrimonio homosexual reunían cientos de miles de personas en la capital del reino. La “otra España” tomaba las calles, robaba el espacio de los movimientos sociales y a la clase trabajadora.

Auge y caída

¿Por qué en tan pocos años se había pasado de esa enorme oposición a las políticas neoliberales e imperialistas a un casi total silencio generalizado?

Muchos afirmaron que las protestas masivas de la era PP habían sido posibles únicamente gracias al apoyo, interesado y tramposo, de los partidos de la oposición (PSOE e IU) y de sus medios de comunicación afines. Unos partidos que sólo criticaban al PP para tumbar al gobierno y ocupar el poder.

Este razonamiento es en parte cierto, pero es importante matizarlo para no invertir los factores y errar las conclusiones. Los medios de comunicación y los partidos mayoritarios participan de la lógica de mercado. Los periódicos, si quieren vender ejemplares, o recoger más votos en el caso de los partidos, deben resultar atractivos al potencial comprador / votante. Si existe una tendencia social, sea o no de oposición, las televisiones, las radios, los medios escritos o los discursos oficiales tenderán a abordar este tema para captar más audiencia – siempre y cuando los argumentos y opiniones quepan dentro de los márgenes de la ideología de los grupos editoriales y los partidos políticos-.

Podemos entender entonces que la simpatía de algunos medios de comunicación hacia los movimientos sociales era una consecuencia, y no una causa, de la envergadura de estos movimientos. La oposición había nacido y crecido de forma totalmente independiente a los medios. Solamente cuando comenzaron a ser masivos los massmedia empezaron a darle un cierto relieve.

Posteriormente, se convirtieron también en una causa de la masividad de las protestas, pero es importante entender que los medios y los discursos de la oposición iban a remolque de los movimientos sociales y no al revés. Esta conclusión nos permite captar en su justa medida el impacto que ejercieron los movimientos sociales en el equilibrio de fuerzas del sistema. Y nos recuerda que los hombres y las mujeres de a pie también son actores de la historia y pueden cambiar su futuro.

La respuesta a la pregunta que nos hacíamos es, por tanto, más compleja. No basta con el discurso de que los medios son todopoderosos, aunque sin duda influyeron. El principal motivo fue la entrada del PSOE, un hecho que desactivó de facto sus propias bases y paralizó a los sindicatos mayoritarios, unos sectores que formaban parte de los movimientos anti-PP. Ellos no eran ni de lejos el centro de los movimientos sociales durante la era anti-PP, pero eran una poderosa correa de transmisión para llegar a una masa superior de gente.

Aún así, el “liderazgo” del movimiento anticapitalista era independiente al PSOE, a IU y a CCOO, por lo que podríamos pensar que este movimiento podría haber seguido existiendo con el nuevo gobierno PSOE. El problema era que el movimiento anticapitalista, o los restos de los antiguos movimientos sociales, no tenían las suficientes correas de transmisión para ganar a toda esta gente desmovilizada. Los núcleos de activistas no pudieron vencer ideológicamente al llamamiento a la calma del PSOE y los sindicatos. Los pequeños grupos de activistas no lograban reunir suficiente masa crítica como para mantener una mínima contrahegemonía social o ideológica.

El movimiento anticapitalista firmó su propia muerte debido a la crítica generalizada hacia las organizaciones políticas y debido a la incomprensión del papel que juega la clase trabajadora y la masividad en los cambios sociales que quería llevar adelante.

Cuando el PSOE amable y con un nuevo talante aplicó las mismas medidas neoliberales que el PP ya no existía un contrapeso que pudiera precipitar o catalizar una oposición masiva. El PSOE y los sindicatos mayoritarios pasaron a ser los nuevos “antagonistas” de la correlación de fuerzas política y laboral. La falta de sedimentación y organización del movimiento anticapitalista, particularmente en el ámbito laboral, había dejado en manos de los sindicatos pactistas la defensa de los derechos sociales y laborales, y estos, como tantas otras veces, vendieron a bajo precio las conquistas de nuestros padres y abuelos. Las clases trabajadoras y populares ya no protagonizaban su propio papel antagonista, la burocracia sindical volvía a robarles la identidad.

Cierto es que muchas ideas críticas habían arraigado en el pensamiento social y que seguían existiendo núcleos y organizaciones de militantes y sindicalistas combativos, pero éstos no tenían la capacidad orgánica de detener el proyecto y las prácticas neoliberales.

El inicio de la crisis

En la historia de la correlación de fuerzas entre la clase dirigente y las clases populares no sólo se miden las fuerzas de los dos antagonistas, la dinámica interna del sistema capitalista también juega un papel clave. Los salarios y la calidad de vida de los trabajadores no dependen sólo de la fuerza orgánica de los capitalistas y la patronal o de los trabajadores y los sindicatos. Los ciclos de crisis del capitalismo y la competencia entre diferentes poderes económicos nacionales o estatales también determinan la evolución de esta correlación de fuerzas. En este sentido, la crisis económica, ha acelerado el proceso neoliberal y de competencia imperialista provocando un importante desajuste en la esfera política e ideológica. La crisis estructural está provocando una crisis en la superestructura social.

La crisis ha impactado profundamente en las ideas y las perspectivas vitales de la población gestando las bases para un nuevo cambio de tendencia en la dinámica de las protestas sociales. Este descalabro social y económico -donde millones de familias han perdido sus fuentes de ingresos, y en muchos casos también el hogar- ha tenido un impacto ideológico enorme; la seguridad y la calidad de vida que aseguraba “el crecimiento continuado del capitalismo” se rompían en mil pedazos. La crisis ha generado las bases de una más que posible ruptura y transformación social.

Crisis económica y lucha de clases

La crisis afectó en un primer lugar al empleo. El cierre de empresas y la reducción de las plantillas provocaron un aumento exponencial del paro. El gobierno terminó aprobando una reforma laboral que, bajo el pretexto de detener esa sangría laboral y de estimular los contratos indefinidos, rebajó el precio del despido, provocando un mayor número de despidos. Mientras se acentuaba la crisis de la economía productiva y de servicios, se entró en lo que se conoce como la “crisis de la deuda soberana”. El intento, por parte de los estados, de salvar el sistema económico nacionalizando la deuda privada dejó sus arcas prácticamente vacías. El rescate de los bancos, un política impositiva que favorece a los más ricos, y la caída de los impuestos de las rentas del trabajo, consecuencia del vertiginoso nivel de desempleo, provocaron un enorme déficit que justificaba y justifica, en el contexto de unificación europea y bajo la atenta mirada del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, unas políticas de ajuste presupuestario salvajes.

El papel que juega la burguesía española en la competencia mundial capitalista en un período de caída de la tasa de beneficio y de reordenación imperialista está provocando el ataque más salvaje al “estado del bienestar” y a los derechos sociales de las últimas décadas. Nuestra calidad de vida paga sus enormes beneficios. Esta situación es cada vez más evidente para la gente. Una enorme grieta va divorciando a las clases populares de “sus representantes políticos”. La legitimidad del sistema político está enormemente cuestionada.

Inicio de la crisis de hegemonía

La herencia histórica de los movimientos sociales de la era PP asumió la primera fase de respuesta a la crisis económica.

En las universidades, la introducción del Plan Bolonia2.1 en 2008-2009, provocó enormes protestas con ocupaciones de facultades durante más de 4 meses y algunas jornadas de huelga. El ímpetu estudiantil ayudó a impulsar y coordinar algunos núcleos activistas de los movimientos sociales, recogiendo su solidaridad e insuflándoles dosis de optimismo. Pero tampoco fue un movimiento victorioso. A pesar de la oposición de los estudiantes, parte del profesorado y personal administrativo, el Plan Bolonia se acabó aprobando. La derrota desactivó a los sectores movilizados y el desánimo volvió a ser la tónica dominante. Las protestas no conseguían impactar en la correlación de fuerzas.

En Barcelona, la mayor confluencia entre distintos sectores de la extrema izquierda posibilitó experiencias y movilizaciones notables y potentes como la asamblea de Barcelona, la ocupación del Banco Santander en el periodo de Huelga General o la ocupación del Palacio del Cine con la intención de fundar la “Casa de la Huelga”. Pero, en términos generales, la fuerza de las nuevas plataformas contra la crisis no se correspondía con la envergadura del problema, las manifestaciones bajo el lema “que la crisis la paguen los ricos” no lograban llegar más allá de la gente más militante.

La mayor parte de la población contemplaba impotentemente la destrucción de su calidad de vida y de sus derechos sociales, debido principalmente a tres motivos: 1.- El pesimismo social afirmaba que nada se podía hacer para evitar ese desastre, y la última serie de derrotas de los movimientos sociales y del movimiento trabajador parecían avalar ese presentimiento. 2.- El miedo de muchos asalariados a perder su puesto de trabajo en caso de protesta, en un contexto donde encontrar trabajo era, y todavía es, prácticamente imposible. 3.- La fuerza de, y la falta de antítesis a la ideología oficial de los gobiernos y los medios de comunicación que defendían la inevitabilidad de aquellas políticas. Un hecho que cada vez era un poco más cuestionado por la propaganda de las plataformas de activistas y por el propio desajuste ideológico que provoca una crisis.

Un nuevo ciclo

En la primera fase de la crisis económica el gobierno del PSOE negó la magnitud y el impacto de ésta, más adelante simuló que planteaba soluciones keynesianas con el Plan E y acabó aplicando las soluciones neoliberales preferidas por la élite capitalista.

Las clases trabajadores sufren un doble impacto en las crisis. Por un lado, sufren la depresión de la propia economía con la rebaja del sueldo, con peores condiciones de trabajo o directamente con el despido. Y por otro, sufren un retroceso en su calidad de vida por los ajustes, recortes sociales, reformas laborales y de pensiones…

La primera medida neoliberal anticrisis que causó una fuerte oposición fue la rebaja salarial de las y los funcionarios,y por extensión casi a todas las trabajadoras públicas, en Mayo del 2010. Un recorte salarial que también se aplicó posteriormente en las empresas privadas. La presión de las bases sindicales forzó a los dirigentes de CCOO y UGT a asumir una actitud un poco más beligerante que la practicada hasta entonces. La burocracia diseñó un plan de lucha, no tanto para ganar la contienda, sino para hegemonizar el descontento y poder conducirlo. Convocaron una tímida Huelga en el sector público en Junio del 2010 y una huelga general el 29 de septiembre del mismo año contra la reforma laboral después de que ésta ya se hubiera aprobado.

A pesar del éxito de la Huelga General del 29S, los dirigentes de CCOO y UGT no mantuvieron el pulso opositor. Además, acabaron aceptando la reforma laboral y firmaron poco después la reforma de las pensiones. Los sindicatos mayoritarios, que habían demostrado tener una notoria capacidad de convocatoria y de impacto real en la economía, firmaban otra vez la paz social.

Los sindicatos combativos, la extrema izquierda y las plataformas anticrisis no pudieron robar el protagonismo a CCOO y UGT para continuar el proceso de movilización. La Huelga General del 27 de febrero contra la reforma de las pensiones sólo tuvo un impacto real en Euskadi, donde la mayoría sindical no se circunscribe en el entorno de CCOO y UGT. Los bloques alternativos y anticapitalistas del 1 de mayo fueron un poco más grandes que los de los últimos años, pero no conectaban con la gran masa de población afectada por la crisis y los recortes sociales.

Por un lado el pesimismo y la idea de inevitabilidad de los recortes se hacía cada vez más fuerte entre las clases populares, pero a la vez actuaba una fuerza en un sentido contrapuesto que también golpeaba cada vez con más fuerza: la necesidad de parar los ataques del capitalismo cada vez más agresivos. Existía una gran masa social que a pesar de sufrir enormemente los efectos de la crisis no podían participar o expresarse a través de los canales existentes. La mayoría de las personas afectadas no se sentían representadas por los sindicatos ni por las organizaciones de extrema izquierda. Las contradicciones sociales, ideológicas y organizativas eran enormes. La acumulación de fuerzas era evidente, pero los movimientos alternativos no lograban influir ni animar a la gran masa de trabajadores y de desempleados.

La nueva oposición en las calles

La situación política cambió totalmente de dinámica a partir de marzo del 2011. Este punto de inflexión no fue fruto de una gran reflexión estratégica o de una espectacular acción “ultraizquierdista”, fue más bien una lucha espontánea de las trabajadoras de sanidad de Cataluña la que inició un nuevo ascenso en las luchas sociales y laborales. Una lucha que tenía un claro precedente en las recientes protestas de los funcionarios murcianos contra el plan de ajuste económico de esta comunidad autonómica, pero con el cual no guardaba ninguna relación orgánica.

El anuncio de los recortes en la sanidad catalana empujó a las plantillas de los hospitales a cortar las carreteras al margen de los sindicatos tradicionales, e incluso en algunos casos con su total oposición.

Se reproducía una tónica constante en todas las situaciones de explosión social: la ruptura social sitúaba a las masas de forma espontánea a la izquierda de las organizaciones tradicionales de la clase trabajadora. Desde entonces, este proceso se ha dado de forma cada vez más aguda, superando primero a los sindicatos oficiales a nivel discursivo y movilizador y, posteriormente, superando en algunos sentidos las prácticas militantes de la extrema izquierda.

El éxito de la convocatoria del 14 de abril contra los recortes en la sanidad catalana constató este repunte de las movilizaciones convocando a más de 30.000 trabajadores y usuarios de la sanidad en la plaza Sant Jaume. La concentración acabó en una manifestación espontánea hasta el Parlamento de Cataluña. El impulso de la coordinadora sindical alternativa IAC para convocar la concentración de rechazo a través de la unidad sindical demostró ser la estrategia acertada.

La segunda movilización de esta acción unitaria era la manifestación del 14 de mayo contra los recortes, que a pesar de partir de un marco más amplio fue monopolizada por CCOO y UGT. Estos sindicatos decidieron de forma unilateral el recorrido, el contenido de la manifestación y el manifiesto. En un sentido histórico -como ya ha pasado tantas otras veces-, CCOO y UGT pretendían ponerse al frente de la lucha para controlarla.

A pesar de las maniobras, la manifestación del 14 de mayo reunió a más de 100.000 personas, en medio de enormes banderas y pancartas de los sindicatos y partidos de la oposición. Esta movilización tan exitosa fue precedida por una convocatoria muy diferente el domingo 15M, que acabaría reuniendo unas 15.000 personas. La primera fue convocada a través de los medios ordinarios -no por ello menos importantes-. La segunda, básicamente a través de las redes sociales y también con carteles de Democracia Real Ya. La primera manifestación incluía a los sindicatos tradicionales y los partidos institucionales de la oposición de forma totalmente visible, la segunda, una clara prohibición de siglas políticas y un discurso entre confuso y difuso. Esta doble escenificación social que recogía la amplitud de las ideologías indignadas aceleró la tendencia ascendente del movimiento. En otras regiones del Estado español la Manifestación del 15M convocada por DRY y Juventud Sin Futuro también había tenido precedentes convocados por la izquierda sindical y alternativa.

Las acampadas fueron el gran catalizador de ese malestar creciente. Las acampadas transformaron ese cabreo individual -un estado incapaz por sí mismo de cambiar el entorno hostil- en algo positivo y colectivo que permitía, en cierta medida, cambiar las circunstancias que nos rodean. Dieron el espacio para que todo el mundo pudiera participar y se sintiese parte integrante de este movimiento democrático.

El acelerado crecimiento, la magnitud y la contundencia del Movimiento 15M han tirado en el retrete de la historia dos mitos sobre la imposibilidad del cambio social que conviene no olvidar, porque en el fondo siguen muy presentes tanto dentro como fuera del movimiento.

Las ideas cambian

El primer mito es que “las ideas de la gente no cambian”. Una hipótesis muy ligada a la idea de que la gente es tonta y que sólo se cree lo que sale por la tele.

Es evidente que las plazas han cambiado las ideas de muchísimas personas, no tanto por la adscripción a una doctrina o ideología concreta sino por el relato común que se iba escribiendo al compartir las experiencias y los anhelos personales en colectividad.

Los humanos necesitamos un relato mínimamente coherente de nuestro vivir para desarrollarnos en sociedad, una “filosofía” que nos explique los porqués y los cómos de nuestros días. Este ideario de las personas, con el que clasificamos y otorgamos sentido a las cosas y a las personas, está forjado por nuestras experiencias, “yo soy yo y mis circunstancias”. Este conocimiento recibe multitud de inputs a lo largo de nuestras vidas, desde la televisión o la literatura, a la familia y los compañeros de trabajo. Todas estas experiencias se van acumulando, de forma más o menos precisa o contradictoria, en aquello que llamamos “conocimiento”, una serie de ideas que nos permiten desarrollarnos mejor en nuestras vidas y anticiparnos a las inclemencias del exterior.

El poder siempre ha estado muy interesado en controlar este conocimiento para que un posible pensamiento radical no pueda acabar amenazando sus intereses. Para sustentar a lo largo del tiempo una sociedad que se basa en el robo a la mayoría para beneficiar una minoría es obvio que deben ocultarse constantemente las pruebas del crimen. Así pues, la ideología dominante, a través de los medios de comunicación, de las leyes, de la cultura y de su propia interiorización en las personas, sostiene una serie de ideas y prácticas sociales que permiten invisibilizar la explotación. El desarrollo económico, la necesidad de la economía de mercado, la amenaza de los inmigrantes… son los ejemplos más que evidentes de estos conceptos ideológicos – o sea ideas subjetivas impregnadas de un interés de clase- que intentan funcionar como paradigmas científicos “objetivos”. El principal objetivo no es demostrar si estas ideas son ciertas o no, sino a quién benefician. Es cierto que el desarrollo económico actual, explotador social y depredador medioambiental, es bueno para un empresario, del mismo modo que es totalmente nocivo para sus trabajadores. Por lo tanto, esta verdad social-política no es tanto una cuestión universal como relativa.

Existe una polaridad social que contiene dos verdades – dos ideologías-antagónicas. La filosofía – la verdad ideológica- de los oprimidos y de la clase trabajadora se genera en la explicitación de este antagonismo. No existe anteriormente más que de forma intuitiva o como remanente del pasado. Mientras tanto, la dominación ideológica de la clase dirigente permite enmascarar y desarmar la conciencia propia de los explotados. “Quien escribe el pasado controla el presente”.

Es en este sentido que debemos valorar la excepcionalidad del momento histórico que ha generado la crisis y el M-15M, una situación sin demasiados antecedentes históricos recientes que muestren una distancia similar entre enormes capas de la población y los pilares ideológicos y políticos del sistema. Existen momentos en que se abre un abismo entre la explicación que uno tiene del mundo y la experiencia vivida en éste. La crisis y sus efectos han ido distanciando a gran parte de la población de las ideas y costumbres que tenían integrados.

La plaza y la participación colectiva han dado un paso más al empezar a construir una nueva visión del mundo, donde se visualizan y se denuncian los responsables de la injusticia, y donde se proclama la voluntad y las alternativas para hacer funcionar el mundo de otra manera. Esta nueva visión no deja de estar impregnada de multitud de ideas anteriores y contradictorias, pero a medida que estas ideas pasan a la acción, en el transcurso de los movimientos sociales, estas ideas evolucionan, pudiendo en algunos casos llegar a visualizar la raíz de la cuestión y permitiendo comprender las estrategias correctas para superarla.

En este sentido, la izquierda organizada representa el remanente del pasado que intenta mantener viva la visión del mundo de los oprimidos y explotados, intentando no caer en el relato, siempre interesado, que la clase dirigente y todos sus medios logran imponer y generalizar. Durante las acampadas, gran parte de la población, ya fuera por las propias conclusiones que le aportaba mantener contacto con otras personas indignadas, por la propaganda de la izquierda organizada, o por ambas cosas, empezó a transformar sus ideas. Podemos afirmar que el movimiento nos ha ayudado a recuperar nuestra visión del mundo, sacando de las manos de la clase dominante el monopolio de la ideología.

La correlación de fuerzas cambia

El segundo mito que ha caído es aquel que afirma que es imposible cambiar nada de lo que nos rodea, una idea que emana de dos fuentes principalmente: por una parte la acumulación de derrotas de los movimientos sociales y obreros y, del otro, la idea de la naturaleza humana egoísta, que es, de hecho, uno de los pilares ideológicos del liberalismo conservador.

La individualización y la inseguridad cotidiana ante todos los abusos que sufrimos reafirma esta idea. Siempre tendemos a pensar que lo posible es lo que ya existe. Cuando el cierre de empresas, las horas extras o los desahucios existen sin contestación se transforman en “el único posible”. Pero en un despertar colectivo el empoderamiento del individuo es enormemente sorprendente y lo imposible se vuelve pensable y, muchas veces, factible.

Cuando un país derriba un dictador o una ciudad acampa en la plaza principal – hechos totalmente inusuales dentro de la cotidianidad capitalista – el resto del mundo ve que aquello existe, que es posible, que es real, y esta nueva realidad se multiplica, se mimetiza y se reproduce en todos aquellos lugares en que se viven unas condiciones preliminares similares. Es así como las acampadas se empezaron a extender simultáneamente a partir del primer ejemplo, igual que las revoluciones árabes. La política del ejemplo permitía escapar de esa impotencia social donde estábamos sumidos.

Cuando aún no han pasado ni 6 meses del nacimiento del 15M podemos constatar que su actividad ha sacudido todas las esferas de las sociedad, su existencia ha condicionado toda la realidad en la que está insertada. Y, esta actividad, en tanto que genera nuevas experiencias genera nuevas ideas, nuevas conclusiones, y en tanto que genera nuevas ideas permite organizar nuevas actividades, permite llegar a nuevas conclusiones que permitirán plantear nuevas estrategias más profundas. Existe una relación dialéctica de mutua influencia entra las ideas y la acción, entre la ideología y la praxis. Es por este motivo que, a menudo, cambiar las ideas significará emprender una acción para generar un escenario, una realidad en que la interacción de las personas pueda transformar las ideas de esos individuos. Y, a menudo, cambiar la realidad significará discutir y propagar una idea durante un largo tiempo para que ésta se pueda materializar más adelante.

El impacto del 15M en la correlación de fuerzas

Hasta aquí hemos descrito el impacto del Movimiento 15M en el plano ideológico del balance de fuerzas. Analizaremos también brévemente el impacto que ha ejercido en el plano material/económico del balance de fuerzas, aquellos aspectos de la lucha de clases que hacen referencia, no al pensar de las personas, sino a la distribución y organización de los medios de subsistencia que permiten reproducir la vida humana.

Dos de los pilares más importantes del Movimiento 15M han sido la defensa del acceso universal a la vivienda y la defensa de los servicios públicos y el estado del bienestar. En estos campos de batalla hacía tiempo que las clases populares se enfrentaban de forma individual, siendo la derrota o la retirada previa la tónica dominante.

Contrariamente, la envergadura, el discurso y la organización del movimiento han permitido presentar en los mismos campos de batalla un ejército cuantitativa y cualitatívamente superior. Ahora el individuo se enfrenta al problema a través del colectivo y con la experiencia acumulada del mismo.

En el caso de los desahucios, el movimiento ha sido capaz de oponerse a la lógica salvaje de los bancos, una contraofensiva impensable en abril del 2010. El movimiento ha sido capaz no sólo de enfrentarse al poder que el sistema tiene sobre nuestras vidas, sino de vencerlo en algunos casos, tanto en un sentido individual y ético, como en el ideológico y el práctico. El movimiento ha sido capaz de sensibilizar a personas que no conocen a la víctima del desahucio para solidarizarse con su caso, rompiendo el egoísmo individualizador en el que hemos sido educados, y ha sido capaz de empezar a cuestionar la idea de la propiedad privada, al menos en el caso en que ésta entre en contradicción directa con las necesidades humanas básicas, como es el caso de la vivienda. Dos victorias ideológicas a las que hay que añadir el paso al plano material, donde el movimiento ha sido capaz de detener el poder físico y el monopolio de la violencia que ejerce el Estado a través de la policía y el sistema judicial parando una sorprendente cantidad de desahucios. El movimiento ha podido parar una parte del robo capitalista que estamos sufriendo la clase trabajadora.

La denuncia de los desahucios ya existía y se organizaba anteriormente al movimiento pero, la diferencia cuantitativa de personas que se movilizaban por esta causa antes y después ha provocado un cambio cualitativo que ha permitido convertir la reivindicación ‘stop deshaucios’ en una realidad.

En el caso de los servicios públicos esta dinámica la podemos valorar en la misma medida. Después de años y años recortando el estado del bienestar, la aceleración de este proceso debido a la crisis y la propaganda antirecortes ejercida por el movimiento han permitido, aunque no de forma generalizada, paralizar ciertos recortes de los servicios públicos.

Las plazas tomadas jugaban un papel crucial también en este frente, pues aportaban confianza, ideas y coordinación a unas plantillas laborales que tenían poca o ninguna independencia del pactismo de CCOO y UGT. El aprendizaje colectivo daba herramientas a una nueva capa de sindicalistas sin sindicato y sumaba a su conflicto laboral la actividad política y solidaria de los usuarios, redimensionando y reforzando su lucha, no sólo defendiendo las plantillas sino el acceso universal a estos servicios. El intercambio de ideas y experiencias con otros sectores de la sociedad daban una nueva profundidad a la visión política de los trabajadores de los servicios públicos. Las luchas sectoriales iban fundiéndose en un relato que denunciaba un enemigo común.

El ciclo de huelgas de los profesores en Madrid y Galicia, y las huelgas programadas en la sanidad catalana representan un avance importantísimo en la capacidad de combate de las clases populares.

El impacto político

Para captar en todas sus dimensiones el impacto del movimiento 15M debemos valorar también la influencia y los cambios que han provocado las acampadas sobre el Gobierno, los partidos políticos y los sindicatos.

En la primera fase del 15M el Gobierno estaba completamente desorientado, nadie sabía con certeza donde podía llegar esa demostración inesperada de fuerza ciudadana. La represión inicial en Sol no había hecho más que sumar gente al movimiento y a las acampadas. El Gobierno intentó entonces seducir al movimiento con algunas promesas, pero tampoco tuvieron un efecto disuasivo. La represión y la captación han ido alternándose desde entonces sin conseguir los resultados esperados. El Gobierno no ha podido paralizar el movimiento ni el creciente desprestigio de los partidos e instituciones políticas.

Aún así, y sin olvidar el peso que ha ejercido el movimiento en el balance de fuerzas, debemos recordar que el sistema posee una enorme inercia y una gran capacidad de regeneración.

Respecto al propio PSOE, a parte de los típicos guiños que brinda un partido desde dentro del gobierno para atraer o calmar una parte del movimiento, debemos recalcar la singularidad de la campaña de Rubalcaba. El marcado tinte progresista de su discurso corrobora, sin lugar a dudas, el enorme impacto ideológico causado por el movimiento en la sociedad, a la que los partidos se intentan adaptar. Sin el 15M la campaña de Rubalcaba no se hubiera centrado en refinanciar el estado del bienestar. Sin la contestación social a las medidas de ZP el “nuevo PSOE” no hubiera usado el leitmotiv escuchar, hacer, explicar. Sin el 15M Rubalcaba no hubiera puesto esa cara el día en que el Presidente, proponiendo la reforma exprés de la Constitución, acabó de arruinar las pocas posibilidades de victoria que le quedaban. El PSOE, como partido gobernante, se encuentra entre la espada y la pared, entre los mercados y la clase trabajadora indignada. El contrapeso que han ejercido las protestas sociales al poder de los mercados ha hecho estallar la posición mediadora del PSOE, evidenciando las contradicciones de la socialdemocracia. La anticipación de las elecciones generales ha evidenciado otro síntoma más de este agotamiento político.

El 15M ha impactado de forma muy distinta en IU. Sobre todo por el hecho diferencial respecto al PSOE de que los militantes y los votantes de IU han participado activamente en muchas acampadas, dado su ascendencia social, algo que no pueden decir los militantes o cuadros del PSOE. IU no ha hecho un giro brusco en su discurso, pues este ya conectaba de forma natural con el sentir del movimiento, pero sí que ha aprovechado la ocasión para sacar pecho e intentar presentarse como la candidatura que apoya las propuestas del movimiento. Aunque IU no ha podido convencer a la totalidad del movimiento de llevar el conflicto al terreno electoral, las encuestas le auguran un importante crecimiento de votos. En el terreno más orgánico e interno de IU también debemos valorar, en parte como un logro de la presión ideológica del movimiento, que la federación de IU de Extremadura haya roto con la disciplina estatal y no haya pactado otro gobierno autonómico social-liberal con el PSOE.

Los sindicatos mayoritarios han sufrido una dinámica similar a la vivida por IU, en el sentido de que parte de las bases sindicales han participado y han sido influenciados por el ambiente de radicalización general. CCOO y UGT han contemplado como un movimiento de masas que defendía muchos de sus postulados criticaba abiertamente su presencia en el movimiento. Los líderes sindicales han reconocido en sus boletines estar desorientados y han mostrado a sus bases la voluntad de aprender del 15M. La burocracia sindical ha llevado a cabo procesos de apertura y democratización del sindicato en un intento de evitar un más que posible goteo de su afiliación hacia posiciones u organizaciones más radicales. De facto la posición de los dirigentes es parecida a la del gobierno PSOE, pues deben lidiar con la presión creciente de sus bases trabajadoras a la vez que deben seguir jugando el papel pactista y desmovilizador que espera la patronal. Un equilibrio cada vez más difícil de mantener.

Los líderes sindicales se han visto perjudicados por el 15M, pues este les ha robado una parte de la hegemonía que ejercían sobre la clase trabajadora y, de momento, no están siendo capaces de recuperar el prestigio perdido. Aún así, desgraciadamente, a día de hoy sólo ellos cuentan con las fuerzas orgánicas para movilizar el conjunto de la clase trabajadora en sus puestos de trabajo.

El Estado, el capital y el 15M

El Gobierno y las instituciones del Estado también se han visto enormemente condicionadas por el movimiento. Muy pocas veces los tres ejes del estado moderno han entrado en tal contradicción como en la primera semana de las acampadas, cuando la Junta Electoral, representando al poder legislativo, prohibió las concentraciones que iban a desarrollarse durante la jornada de reflexión del 21 de Mayo, el día antes de las elecciones autonómicas y municipales. Por el contrario, el poder judicial las autorizó y el poder ejecutivo resolvió el entuerto haciéndose el sueco, ni los cargos del PSOE ni la policía osaron actuar o decir palabra. Un hecho que, aunque no de forma aguda, va dando señales de las tensiones y de la inestabilidad creciente en el seno del Estado.

Durante el parón veraniego del movimiento, el Gobierno aprovechó para insertar el liberalismo en la Constitución española sin ningún tipo de consenso social, y aprobó una reforma laboral encubierta que permite emplear un trabajador con contratos temporales indefinidamente, firmando la sentencia de muerte para contrato indefinido. Son los ataques más duros de toda la legislatura del PSOE, probablemente dos de los más graves desde la Transición, y el movimiento ha sido incapaz de oponerse a ellos, ni en el plano político ni en el orgánico.

El poder de los mercados y la burguesía neoliberal sigue siendo más grande que la autorganización de los indignados. Aunque el 15M ha desplazado el eje de la correlación de fuerzas, la ofensiva neoliberal resuelve victoriosamente todas las batallas económicas. Mientras, el paro sigue creciendo el Gobierno recorta servicios y derechos y socializa las perdidas bancarias.

El capital sigue ganando la guerra. Pero hoy en día esta victoria tiene un precio muy alto en el campo político e ideológico, pues cada vez es mayor la sumisión de los gobiernos, no a los intereses del pueblo, a quien dicen representar, sino a los intereses de los grandes capitalistas. Las luchas políticas y económicas se funden poco a poco en una crítica radical del sistema, una síntesis que podría, tal vez, sentar las bases para un cambio revolucionario.

Pasado, presente y futuro

El escenario actual era impensable tras los tres primeros años del gobierno PSOE. Nadie habría dicho en 2007 que algún día, en el estado español, la gente detendría los desahucios como había ocurrido en los años 30 durante la república. Tampoco nadie habría dicho durante los movimientos sociales antiPP que tres años después, la población del estado español aceptaría sin prácticamente inmutarse enviar tropas españolas a Afganistán, o que un partido socialdemócrata como el PSOE implementaría en Junio del 2006, sin demasiadas protestas, la reforma laboral que el PP no pudo aplicar debido a la huelga general del 20J del 2002. La historia puede cambiar profundamente en un breve lapso de tiempo.

Si es cierto lo que decíamos al principio, que las clases populares hace más de 150 que luchan, y todavía nos encontramos bajo el mismo régimen económico tendremos que reconocer que algo hemos hecho mal. Se convierte por tanto en un ejercicio indispensable investigar los motivos y las claves del éxito de las movilizaciones populares anteriores, así como sus errores; debemos hacer de la victoria una “ciencia”. Seamos conscientes de nuestra Historia y investiguemos el presente, sólo así podremos ganar el futuro.

Sin captar esta profundidad corremos el riesgo de volver a dar palos de ciego y con el tiempo, las derrotas y el cansancio, perder la esperanza. No dejemos la transformación de la lucha social masiva en un activismo heroico pero utópico. Las tensiones sociales del capitalismo no se resuelven con la simple existencia de un movimiento, por muy masivo que sea este, y sin victorias tangibles, estos movimientos, tampoco pueden sustentarse prolongadamente en el tiempo.

A pesar de la potencia del movimiento muchas gentes, dentro y fuera de él, sigues teniendo miedo a perder las pocas migajas que le “pertenecen”, o sigues defendiendo algunos dogmas ideológicos de la clase dirigente.

La lucha final es larga, si en el camino no materializamos algunas victorias que la gente pueda percibir, la lucha dejará de ser factible, dejará de ser útil, dejará de ser real. Será entonces cuando la lucha y la crítica social se convertirán de nuevo en una opción minoritaria, en un patrimonio involuntariamente exclusivo de la extrema izquierda.


3. “Nadie es neutral en un tren en marcha”3.1: las izquierdas en el 15M

“Nadie es neutral en un tren en marcha” fue el título escogido por Howard Zinn para su crónica sobre el movimiento por los derechos civiles en los EEUU de los años 60 y 70. La frase no es casual, de hecho refleja claramente lo que sucede cuando un movimiento social de masas irrumpe en el escenario de la historia. En esos momentos nadie puede permanecer al margen, o bien participa y lucha dentro del movimiento, en mayor o menor medida, o bien está en contra. Alguien dirá que se puede no participar y permanecer como observador. Esta posición, en el fondo, acepta el estado de las cosas y por lo tanto, la gente que la adopta no ha subido al tren. Es cierto que en dicho tren puede haber gentes que no saben a dónde van, o personas que tienen opiniones diferentes sobre la dirección a tomar en los cambios de agujas. También habrá personas que viajan dejándose llevar y personas que no paran de echar carbón en la caldera, pero al fin y al cabo todas están en marcha y el resto de la sociedad todavía no ha subido al tren. Estas actitudes no son estancas y fijas en el tiempo y las personas pueden variar su implicación en el movimiento, así como sus posicionamientos. De hecho, concebir este dinamismo, no entender el movimiento como algo estático, es clave para poder actuar de la manera más constructiva y eficiente posible hacia la consecución de los objetivos del movimiento. La imposibilidad de permanecer neutral es cierta para la mayoría de la sociedad. Sin embargo, se convierte en una cuestión central para las gentes de izquierdas y en algo esencial para la izquierda radical, desde, anarquistas a autónomos, pasando por estalinistas y llegando a los y las trotskistas. Así, la manera de relacionarse con el movimiento ha clarificado cómo los diferentes colectivos y organizaciones se relacionan con un movimiento de masas, con una gran diversidad interna, que aporta riqueza y contradicciones. De esta manera, las diferentes posiciones han mostrado las auténticas convicciones políticas de una forma mucho más clara que dos mil manifiestos.

El objetivo de los siguientes párrafos es analizar las posiciones de algunas de las principales corrientes ideológicas presentes en el movimiento y las implicaciones de las mismas. Este análisis, siguiendo el nombre del capítulo, no va a consistir en una glosa de los diferentes textos editados por los diferentes sectores, sino que estribará sobre las diferentes posiciones adoptadas respecto a los siguientes aspectos, que a mi entender son clave: la posición respecto a las demandas sociales y el papel otorgado a las asambleas. Estos dos puntos, claro está, sólo se refieren a aquellos sectores que tomaron las plazas. La actitud de cierto tipo de izquierdas, que se pasearon, echaron un vistazo, concluyeron que el movimiento era pequeñoburgués y volvieron a su rutina habitual, denota una capacidad nula de análisis y de entender cómo se forjan los movimientos revolucionarios. Dado que es un folleto sobre el 15M no es el lugar para analizar en profundidad las posiciones de los sectores que no han participado en el mismo. Por otro lado, el papel de las organizaciones en el seno del 15M es abordado en el capítulo siguiente ya que, aunque constituye un aspecto fundamental entre las diferentes izquierdas, se ha creído más conveniente explicar la concepción de organización que tenemos como En Lucha, más allá de entrar en debates entre tradiciones ideológicas. Debates que, por otro lado, llevan siglos sin resolverse.

Las reformas sociales: medio, fin o carta a los Reyes Magos

El “movimiento de las plazas”, como cualquier movimiento amplio, se caracteriza por la existencia de una diversidad ideológica interior. Sin embargo, es necesario resaltar, nos guste más o menos, que dentro de las asambleas de miles de personas o en las enormes manifestaciones, las ideas abrumadoramente mayoritarias son aquellas relacionadas con la reforma; es decir, ideas encaminadas a mejorar tal o cual aspecto de la sociedad, a cambiar tal o cual ley. Este fenómeno es natural, la sociedad no es revolucionaria. Si lo fuera, el capitalismo habría pasado a la historia. Partiendo de la realidad, es decir, siendo conscientes de que las ideas revolucionarias son minoritarias entre los cuarenta y pico millones de habitantes del Estado español no nos puede extrañar, y de hecho es lógico, que en las increíbles y preciosas asambleas multitudinarias aparecieran comisiones de salud, educación, feminismo, migraciones, vivienda, laborales, de medio ambiente, de gente mayor, de contenidos de economía, de reforma electoral y algunas otras. Todas ellas intentaban de alguna manera sistematizar diferentes aportaciones encaminadas a presentar a la asamblea y luego a la sociedad, alternativas capaces de mejorar la vida de la inmensa mayoría de las personas. En las diferentes asambleas, esto cristalizó en los llamados documentos de mínimos (Barcelona) o propuestas a corto plazo (Madrid) que fueron refrendados de forma abrumadora en las asambleas mediante mecanismos de democracia directa.

“Las demandas son una carta a los Reyes Magos, no debe haber un documento ya que este no reflejará la diversidad de las asambleas”. Plaça de Catalunya, Barcelona. Mayo 2011

Las compañeras y compañeros que defienden esta posición argumentan que el capitalismo no puede ser reformado y que no se están movilizando por las migajas del sistema, que su lucha y la de todos debería tener un único objetivo: acabar con la injusticia y robo institucionalizado que representa el capitalismo. En parte estoy de acuerdo en lo que se refiere a que el capitalismo no se puede reformar hasta convertirlo en un sistema justo económico, social y ambientalmente. Ahora bien, calificar las demandas como cartas a los Reyes Magos, aún partiendo de un sentimiento revolucionario respetable y auténtico, constituye un error garrafal. Error consistente en no entender cómo se han desarrollado las revoluciones a lo largo de la historia y cómo se están desarrollando hoy día en países como Túnez o el caso más profundo de Egipto. Las demandas o el programa en un lenguaje más clásico, pueden jugar un papel clave siempre y cuando, tal y como sucede en el 15M, exista un movimiento social capaz de luchar por ellas. Este papel tiene que ver con lo enunciado al principio del capítulo: las personas pueden variar su posicionamiento y nivel de implicación con el movimiento en función de las estrategias del mismo. El 15M es el movimiento social más profundo de los últimos años y uno de los más masivos, no obstante, sigue siendo minoritario respecto a la sociedad en general. Una minoría importante, pero al fin y al cabo una minoría. Aceptando esto y relacionándolo con el carácter mayoritario de las ideas reformistas en la sociedad, se puede entender fácilmente la necesidad de ampliar el número de personas que participan en el movimiento. Es en ese momento cuando un conjunto de demandas bien elaboradas, es decir, de manera que todo el mundo las pueda entender, que sean percibidas como plausibles y construidas desde la base, puede convertirse en una herramienta poderosísima, capaz de atraer a decenas de miles de personas. Una de las mayores victorias del 15M ha sido demostrar que luchar sirve para algo y, como decía Paulo Freire3.2, el inédito viable, es decir, que las conquistas que aparecen como claras y realizables -como por ejemplo, prohibir los desahucios por motivos económicos- son capaces de convocar a la lucha a las gentes comunes.

La Comuna de París nació cuando los monárquicos abandonaron la ciudad y el pueblo se hizo cargo de su defensa ante las tropas alemanas. La Revolución Rusa se hizo al grito de Paz, Pan y Tierra. La Revolución Española sólo fue posible cuando tras años de luchas por las 8 horas de jornada laboral, por la libre sindicación, etc., la clase obrera, tras observar los ejemplos de la Italia fascista o la Alemania nazi, se vio obligada a responder con las armas o a morir bajo la bota del fascismo. En Egipto, la gente animada por el ejemplo de Túnez, se lanzó a echar a Mubarak. Hoy en día Mubarak está siendo juzgado a la vez que las luchas inundan todos los rincones de la sociedad egipcia.

Estas experiencias nos llevan a la cuestión clave, que consiste en entender las luchas no como compartimentos estancos que pueden ser categorizadas como únicamente económicas, políticas o revolucionarias, sino que en ocasiones unas se transforman en otras, en función del balance de fuerzas entre la clase dominante y la clase trabajadora y sobre todo, de las estrategias y enfoques que estas últimas apliquen a las luchas. Esto es especialmente cierto en los periodos de crisis como el actual, momentos en los que el sistema intenta trasvasar y centralizar los recursos públicos para financiar a la banca. Es decir, el Estado se transforma en el capitalista colectivo que apoya a empresarios y banqueros con el objetivo de reflotar la economía. De ahí que los Estados y las empresas tengan poco margen para asumir nuevas conquistas sociales y las luchas pueden tender a radicalizarse. También pueden darse otras situaciones en las que un conjunto de demandas supondría limitar tanto el beneficio de la burguesía que éstas se convierten en inasumibles para el sistema. O puede darse otra situación en la cual los gobiernos y capitalistas conceden las demandas y el pueblo incrementa la confianza en sí mismo hasta llegar a postulados revolucionarios. Evidentemente, también puede ocurrir que triunfe el fascismo, que se pierdan las luchas o que se coopten y se integren dentro del sistema, pero aquí la cuestión no es hablar de estos casos, desgraciadamente muy comunes en la historia, sino analizar cómo la acción de masas en las calles y centros de trabajo luchando por mayor justicia social ha llevado a momentos revolucionarios. No se debe olvidar que las revoluciones las hacen las masas, no las organizaciones o grupos de afinidad revolucionarios.

Pero no basta con poner las demandas en un papel y esperar a que la gente siga nuestras geniales ideas, las cosas no funcionan así. Muchas izquierdas y entre ellas algunos sectores del Trotskismo ortodoxo han convertido en fetiche al programa. Tan malo es despreciar el papel de las mismas como elevarlas a la categoría de remedio universal. Unas demandas perfectas no sirven para nada si no existe una estrategia de luchas para llegar a su consecución. Dentro del 15M algunos sectores están ensimismados buscando la formulación perfecta de tal o cual demanda sin prestar la mínima atención al camino para conquistarlas. Es durante el proceso de lucha cuando se modifican las ideas de las personas y se incrementan los niveles de conciencia. La historia está llena de ejemplos en los que se superan prejuicios, uno de los más recientes lo vimos en Egipto, en la plaza Tahrir, cuando grupos de manifestantes cristianos protegían de la policía y los provocadores de Mubarak a los manifestantes musulmanes durante el rezo de los mismos, cuando unos meses antes existía una ola de violencia sectaria, o cuando las mujeres musulmanas se quitaban los velos para llenarlos de piedras con las que luchar contra la policía. Pero no sólo se transforman las conciencias en el trascurso de las luchas, sino que los mismos objetivos de las mismas cambian.

Dentro del Movimiento 15M ha participado gente de Izquierda Unida, de Iniciativa per Catalunya, de UPyD, de Ciutadans per Catalunya y de CCOO. Quede claro que para nada asimilo a los populistas de UPyD y Ciutadans con la gente de izquierda moderada de IU o ICV o de CCOO. Esta participación ha tenido lugar a diferentes niveles. Así, muchísimos afiliados y afiliadas de CCOO, IU e ICV acudieron a las grandes manifestaciones como un individuo más. Algunos otros militantes se integraron en comisiones e intentaron, en algunos casos con éxito, poner sus demandas en el centro del movimiento. Un ejemplo muy claro es el caso de la reforma electoral. Es una demanda justa contra el bipartidismo consagrado en la ley electoral actual. No obstante, los impulsores de esta propuesta se han centrado exclusivamente en hablar de cómo sería la nueva ley. Esto no es casual, dado que sus direcciones apuestan casi exclusivamente por las vías institucionales, recelando profundamente de la movilización. El día 14 de septiembre de 2011 Juan López de Uralde (EQUO, comisión promotora), Inés Sabanés (EQUO), Joan Herrera (Secretario General de ICV), Mónica Oltra (Diputada de las Cortes Valencianas por Compromís pel País Valencià), David Abril (Secretario General de Iniciativa Verds por Baleares) y Mario Ortega (que fue coordinador de Los Verdes en Andalucía) firmaron en El País un artículo titulado “De la indignación al compromiso”. En el mismo hablaban de problemáticas reales y apuntaban algunas de sus propuestas. Sin embargo, en el artículo no se hacía mención en ningún momento a la lucha y la movilización, así como tampoco a la autoorganización. Simplemente, de manera más o menos clara, se estaba llamando al voto para la coalición que preparan de cara a las elecciones generales. De la misma manera, cuando el día 15 de junio en Barcelona se fue al parlamento catalán para dejar bien claro que los recortes que se iban a aprobar eran además de injustos, ilegítimos, ya que ningún partido los llevaba en su programa electoral, los parlamentarios de ICV entraron al hemiciclo para votar en contra, en lugar de quedarse fuera junto a los manifestantes. Este momento nos lleva de vuelta a aquellos del tren en marcha. ICV decidió quedarse con los parlamentarios e incluso apoyó una vergonzosa declaración institucional. Pero además, lo que pasó el 15J clarifica lo que trato de explicar. ICV estaba en contra de los recortes, las indignadas también, pero ambos tomaron caminos diferentes: ICV votó que no y salvo algún titular de prensa no tuvo más relevancia. Las indignadas lucharon en la calle y el día 19J, pese a toda la campaña de intoxicación lanzada por el Gobierno de Artur Mas, una marea humana de más de 250.000 personas inundó Barcelona. Fue con diferencia la manifestación más masiva de aquel día en todo el Estado, dejando claro que la mayoría de la sociedad entiende que los recortes votados en el parlamento eran ilegítimos.

En resumen, las demandas no son un bálsamo “curalotodo” por sí mismas, ni tampoco son desviaciones pequeñoburguesas. Todo depende de qué estrategias se adopten para conquistarlas. Unos trabajadores pueden confiar en el Gobierno para que éste impida un ERE o pueden ocupar la fábrica con el mismo fin, y así en infinidad de casos. Miles de personas luchando de manera radical por demandas que a priori parecen reformistas se acercan mucho más a la revolución que un ciento hablando de la toma del poder. Y por el contrario, las mejores demandas, las mejor pensadas, sin lucha no son más que papel mojado.

El pueblo decide por sí mismo: todo el poder para las asambleas

Si alguna cosa define al “movimiento de la indignación” es la reapropiación de las plazas como espacio público, en el sentido más profundo. Es decir, lugares donde el pueblo reunido debate, llega a acuerdos y decide actuar sobre sus propias vidas. Lugares donde la dimensión colectiva de la vida humana deviene central. En la retina de todos y en la memoria del móvil se conservan las imágenes de decenas de miles de personas sentadas, hablando y escuchando, debatiendo en definitiva. Fue la fuerza de las asambleas, tanto real como simbólica, la que atrajo cada vez a más gente al movimiento durante los días de mayo y junio. El desafío contra el poder establecido, que pretende reducir la democracia a un voto cada cuatro años, que pretende convertir nuestras vidas en mercancías en manos de los bancos, y la esperanza generada en la capacidad de luchar. Todos estos factores cristalizaron en asambleas masivas. Esto significó y todavía significa, al menos durante un tiempo, un cambio en el sentido común general capaz de insuflar optimismo, confianza y combatividad a importantes sectores de la sociedad. En resumen, las asambleas masivas en las plazas oponían la legitimidad del pueblo y la democracia directa a la legitimidad de aquellos que son votados por el pueblo y luego gobiernan para los bancos.

Las asambleas no están exentas de dificultades. La primera estriba en la participación de miles de personas, muchas de ellas involucradas por primera vez en un movimiento de masas. La aspiración de cualquier movimiento: atraer a la gente a la lucha y tomar las riendas de sus vidas (lo que hoy se llama empoderamiento).

Desde algunos sectores se caracterizó a las asambleas masivas como lugares no aptos para debatir y tomar decisiones. Se decía que se votaban cosas contradictorias y que la gente era manipulable.

Todos estos argumentos parten de un mismo punto: el ultraizquierdismo3.3, ligado a cierto punto de elitismo. se basan en la incapacidad de ciertas personas para relacionarse con otras (la mayoría) cuyas ideas se encuentran a la derecha de las propias. Durante los últimos años, en los que la movilización ha sido mínima y sólo sostenida y protagonizada por la izquierda radical, esta posición, aunque siendo ya errónea, no planteaba grandes problemas dentro de los espacios de movilización ya que, si bien existían diferencias, estos espacios estaban compuestos por personas, colectivos y organizaciones anticapitalistas. De alguna manera, la izquierda radical ha vivido aislada en una burbuja en los últimos cuatro años, algunos luchando desesperadamente por llegar más allá y otros cómodamente instalados en la pureza. Ahora bien, cuando el 15-M entró en escena todo esto cambió. Miles de personas, en principio reformistas, pasaron a compartir espacios con la izquierda radical, relegando a esta última a una minoría, reflejando así el movimiento la composición real de la sociedad.

Las enormes asambleas vividas fueron, son y serán ejemplos para el 15M y los movimientos que vendrán. Si analizamos las decisiones tomadas, por ejemplo en Barcelona, por las asambleas masivas: acudir el 15J al parlamento, la manifestación del 19J o no abandonar la plaza el día de la final de la Copa de Europa, todas estas acciones supusieron enormes victorias para el 15-M. Las asambleas cumplen un doble papel. Por un lado, aglutinan a todos los sectores del movimiento desde los barrios a las asambleas sectoriales como educación, sanidad, etc., y a gentes disconformes. Esta confluencia refleja la riqueza global del movimiento y por lo tanto, permite tomar decisiones colectivas que orientan su actividad general fortaleciéndolo, dado que se evita la dispersión. No es casualidad que desde que no existen asambleas generales el movimiento sufre un cierto desconcierto caracterizado por el florecimiento de convocatorias. Por otro lado, las asambleas cumplen un papel agitativo que atrae a gente. Sol, Las Setas o Plaza
Catalunya eran el corazón que bombeaba energía a las asambleas barriales.

El hecho de que durante las asambleas multitudinarias se votaran cosas contradictorias no supone que la gente que participaba en las mismas fuera manipulable. Simplemente refleja que la gente estaba abierta a escuchar y que, por lo tanto, las asambleas sí que cumplían su papel de foro de debate.

En resumen, el movimiento debe recuperar las asambleas generales como espacios plurales y diversos. Estas asambleas deben estar bien organizadas, deben tener un orden del día trabajado anteriormente en las asambleas locales, sectoriales y otros espacios del movimiento, debe haber un espacio para propuestas individuales y deben ser decisorias. Tanto por ser el espacio más plural y representativo del movimiento como por el carácter contrahegemónico de democracia directa (debate y voto a mano alzada).


4. Las organizaciones en el movimiento

“Instruíos, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia.
Agitaos, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo.
Organizaos, porque necesitaremos toda vuestra fuerza”

Antonio Gramsci “Il Ordine Nuovo”

¿Son necesarias? ¿Por qué y para qué?

La existencia de ideas diferentes en el movimiento, fruto de su amplitud, plantea a las organizaciones revolucionarias la cuestión: ¿Qué hacer? respecto al papel que deben jugar las mismas.

Por un lado, cómo aportar ideas al conjunto del movimiento para ayudar a que sea lo más fuerte, democrático y efectivo posible. Por el otro, cómo aglutinar a las personas más conscientes y combativas dentro del movimiento.

Para Lenin, como señala Harman4.1, ambas cuestiones están fuertemente relacionadas, ya que sin organización revolucionaria no es posible aportar ideas de manera eficaz. Las organizaciones revolucionarias no son un fin en sí mismo, sino un instrumento de combate, tanto para fortalecer los movimientos y avanzar en la liberación de la humanidad como para servir de amplificador de las ideas revolucionarias dentro de la sociedad.

Hemos visto cómo en cada asamblea existen posiciones diferentes en multitud de aspectos. Este hecho denota la amplitud del movimiento y por ello es positivo. Sin embargo, aunque las diversas opiniones son legítimas, no pueden ser todas correctas en todas las ocasiones. Hubo un ejemplo claro el pasado mayo: ante las amenazas policiales, ¿se debía permanecer en las plazas o abandonarlas? Algunos sectores soslayaron la cuestión proponiendo que las asambleas fueran sólo eventos informativos: esto plantea problemas democráticos que trataré más adelante. Esencialmente, hace que las decisiones se tomen en otra parte, de manera menos democrática, en grupos reducidos y más homogéneos.

Hay otra solución. Dado que no todas las ideas se corresponden con la realidad, se hace absolutamente necesario el mejor análisis posible, junto a la capacidad para llevar adelante las estrategias propuestas. Por ejemplo, durante los primeros días del Movimiento 15M, se perdió gran cantidad de energía social debido a lo errático de los debates. La existencia de una organización revolucionaria, con una base social y amplia experiencia de trabajo y de lucha, habría ayudado al conjunto del movimiento a trabajar de manera más efectiva y así avanzar. El trabajo en comisiones tuvo aspectos positivos, dado que involucró a mucha gente, pero careció de una perspectiva común.

Algunas personas se pueden escandalizar al leer estas líneas y pueden acusarme de abogar por la manipulación, pero esta crítica no se sostiene.

Si se aceptan las asambleas como el marco decisorio, si se es consciente de la diversidad de opiniones dentro del movimiento, entonces, cuando uno tiene una estrategia pensada para hacer avanzar el movimiento, hay que presentarla e impulsarla. Se debe organizar de la mejor manera posible la intervención, de manera transparente y abierta, como una parte más del movimiento 15M.

Es decir, las organizaciones anticapitalistas deben ayudar a construir el movimiento en todos los aspectos, precisamente por eso tienen el deber y el derecho de aportar su visión al mismo, en pie de igualdad.

Cuando las organizaciones se muestran abiertamente en el movimiento y llevan sus propuestas a las asambleas, donde se decide democráticamente, no se puede hablar de manipulación. Además, hacerlo significa despreciar la inteligencia de las miles de personas que participan en una gran asamblea, como si no fueran capaces de escuchar los diferentes argumentos y decidir por ellas mismas.

Al tener el 15M una base territorial, la presencia de revolucionarias organizadas estatalmente en las asambleas locales puede marcar la diferencia entre una fragmentación de las luchas y el fortalecimiento y la extensión del movimiento. En consecuencia cobra aún más importancia el papel de las organizaciones revolucionarias.

Debe tenerse en cuenta que incluso durante las revoluciones, dichas organizaciones constituyen una minoría. Partiendo de esta realidad, aparece la necesidad de construirlas. Como se ha entrevisto en el 15M las tareas son tan numerosas, los campos de acción son tantos, que aquel proceso revolucionario en el que no exista una organización revolucionaria tiene pocas posibilidades de éxito, ya que las contradicciones internas no podrán ser superadas por la actividad local de base. Será necesaria una estructura que permita una acción local dentro de una estrategia más general.

Nadie en su sano juicio plantea esperar a que estalle una epidemia antes de organizar un sistema sanitario capaz de controlarla. De la misma manera, en esos momentos de catarsis históricas que son las revoluciones, donde un sistema es liquidado al nacer otro nuevo, se necesita una gran capacidad de liderazgo y organización que en absoluto se puede improvisar.

¿Qué tipo de organización?

Una vez establecida la necesidad de organizaciones revolucionarias y el papel que deben jugar aparece la pregunta sobre el tipo de organización que es necesaria. Ciertamente no todas las organizaciones son iguales ni mucho menos. Estas diferencias aparecen tanto en los objetivos, como en el funcionamiento así como en la capacidad para relacionarse con los movimientos sociales.

Ciertamente existen organizaciones reformistas ya sean social-liberales como el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que sólo aspira en momentos de bonanza a gestionar un capitalismo de rostro humano, y que en momentos de crisis juega un papel, a todas luces, de mamporrero del sistema. Mucha gente iguala PSOE y Partido Popular (PP) sin entrar mucho en el fondo de la cuestión. Dado que el objetivo aquí es hablar de la organización revolucionaria que aspiramos a construir la gente de En Lucha, queda claro que los votantes del PP tienen una ideología mucho más conservadora que los del PSOE en muchos aspectos. Además, la composición de clase del liderazgo y las bases de unos y otros son diferentes. Solo hace falta recordar las misas de Rouco Varela (Presidente de la Conferencia Episcopal).

El PSOE tiene una organización donde los militantes de base pintan bien poco o casi nada, y donde toda la política está dirigida hacia las contiendas electorales. En el PSOE el secretario general impone la política sin ningún contacto real y democrático con las bases, que son convocadas a los mítines en los que la dirección del partido explica la política a seguir. Por otro lado, el PSOE se ha relacionado con el 15M sólo desde los titulares de prensa de sus candidatos, es decir, lanzando guiños para intentar atraer una parte del voto y en pocas asambleas de barrios trabajadores con contados militantes de base.

Izquierda Unida (IU) es una organización más contradictoria que el PSOE. Sus votantes, activistas y militantes son genuinamente de izquierda y apuestan por un sistema más justo. En su interior conviven algunos sectores revolucionarios (cada vez más minoritarios) junto a sectores reformistas que tienen la dirección de la organización. IU posee una estructura organizativa más democrática. Lo acontecido en Extremadura, donde la federación local desoyó a la dirección y se negó a formar un bipartito con el PSOE, es un ejemplo de ello. Sin embargo, IU como organización más ecléctica y fuertemente institucionalizada encuentra enormes dificultades para interaccionar con los movimientos sociales. De hecho, IU, enfocada desde hace años a mantener y conseguir representación institucional, es un referente para mucha gente aunque no sea muy capaz de impulsar grandes luchas. Esto se debe a que su dirección nace de la representación institucional: alcaldes, concejales, senadores y diputados, y para mantener con vida la organización dedican todos los esfuerzos a perpetuar la representación, confundiendo así uno de los medios, con el fin en sí mismo. Así, IU como organización es una máquina electoral y sus activistas que participan en los movimientos sociales, lo hacen en algunas ocasiones descoordinados y sin representar la política real de la organización. Muchas veces, como se ha visto en los gobiernos tripartitos, los activistas de IU o de ICV-EUiA son desautorizados por la política de las direcciones. El ejemplo de Saura, Consejero de Interior de la Generalitat de Catalunya, que envió a los antidisturbios a disolver una manifestación contra el Plan Bolonia donde participaban estudiantes afiliados a EUiA (Esquerra Unida i Alternativa), es muy revelador. Personas que formaban parte de la coalición gobernante fueron golpeadas por la policía dirigida por su principal líder. Una organización de este tipo, con luchas intestinas enormes, no puede ser un referente más allá de algunos momentos concretos. En el caso de IU hoy en ciertas contiendas electorales o en el caso de Die Linke en Alemania, con mayor democracia interna que IU y con mayor presencia en las luchas, son organizaciones que permiten cierto campo de acción para los sectores revolucionarios. Sin embargo, si se quiere cambiar el mundo de base se necesita otro tipo de organización.

Cuando hablamos de organización nos referimos a una herramienta de combate, alejada tanto del modelo del PSOE como del modelo de IU. En primer lugar, una organización revolucionaria aunque puede participar puntualmente en las elecciones, concibe éstas como un medio para extender las ideas revolucionarias, nunca como un fin. Aquí se aplica aquello de Lenin: el parlamento es una montaña de basura a la que a veces conviene subir para observar lo que se ve desde arriba.

Más allá de la política electoral lo que proponemos es una organización marcada por la democracia de base. Pero un tipo de democracia muy diferente. Una democracia basada en la acción de los y las activistas del grupo. Realizamos una asamblea anual abierta a toda la afiliación donde marcamos las líneas generales y elegimos a las personas encargadas de coordinar ciertas tareas. Estas personas son revocables en cualquier momento, pero más allá de aspectos formales En Lucha funciona con núcleos locales, que siguiendo las líneas generales marcadas en la asamblea actúan en su entorno. Así, la iniciativa de las agrupaciones e incluso de los individuos marca la política real de la organización. Las activistas de En Lucha que participan en un espacio, campaña o movimiento gozan de la confianza del resto para tomar iniciativas (enmarcadas dentro de las ideas del grupo). Después, en las agrupaciones locales, estas iniciativas son discutidas y pueden ser refrendadas o no. Es decir, una organización pensada de esta manera, donde el colectivo deposita su confianza en todos y cada uno de los militantes para tomar decisiones que afectan al colectivo permite actuar de manera eficiente y rápida. Sin embargo, para funcionar así sin incurrir en contradicciones constantes son necesarios ciertos requisitos. El primero es construir una organización ideológicamente cohesionada. Así, la discusión política constante, las actividades de formación (charlas, talleres, lecturas) se encuentran en el núcleo mismo del grupo. De ahí el papel central que juegan las publicaciones propias (periódico, revista, folletos, boletines, etc.) en la vida de la organización. El segundo requisito es el control democrático. Como organización otorgamos libertad a los afiliados y afiliadas para tomar decisiones por sí mismas. La discusión política previa marca unas líneas claras; sin embargo, en muchos momentos es necesario decidir rápidamente ante situaciones nuevas. Una organización, que pretende servir de herramienta útil debe permitir esa rapidez, un hacha o está afilada o sirve de bien poco. Ahora bien, estas decisiones son examinadas luego por el colectivo. En resumen, tener un nivel de debate político elevado y mantener actividades de formación otorga un nivel de coherencia que hace posible esta manera de actuar.

Por otro lado, entendemos que es condición indispensable de una organización hacer lo que se dice. Es por esto que no concebimos la teoría separada de la práctica. De hecho, hay una relación dialéctica: analizar la práctica nos permite mejorar y actualizar la teoría. Este mecanismo es el núcleo central del leninismo. Un ejemplo de esto sería el papel de las redes sociales en la movilización que estamos viviendo. Es indiscutible que Internet y sobre todo el 2.0, Facebook y Twitter han jugado un papel en la movilización que estamos viviendo. Pero, ¿han sido el origen de la movilización, como se argumenta desde los medios de comunicación de masas y algunos sectores del movimiento o bien han sido un elemento amplificador? Si fuese cierta la primera visión, prácticamente se concluye que no son necesarias las organizaciones. En caso de ser cierta la segunda, la conclusión sería que se debe utilizar el 2.0 pero como medio de difusión. Si observamos las movilizaciones de Túnez o Egipto, el trabajo de redes de base (20 de abril), de organizaciones revolucionarias y de los sindicatos permitió aglutinar la masa crítica capaz de empezar a desafiar al régimen. Después, la red 2.0 permitió superar la censura y conectar las luchas en diferentes ciudades. En Egipto permitió que en El Cairo se conociera la huelga de los trabajadores y trabajadoras de Suez y de esta manera se reforzaron las luchas. Sin embargo, para salir a la calle, el mecanismo más utilizado era el boca a oreja en los barrios y centros de trabajo. Aquí el 15M fue difundido mediante Internet y carteles. Si analizamos quién comenzó la difusión fueron núcleos de activistas organizados, que desde la manifestación de Juventud sin Futuro empezaron a trabajar en la construcción de una movilización el 15-M. Twitter ayudó a conocer en tiempo real lo que pasaba en cada lugar del Estado, pero de nuevo las personas organizadas fueron de las primeras en empezar a realizar una difusión sistemática de las acampadas. Es importante tener en cuenta que a pesar de tener influencia en la red, sólo el periódico El País tiene más de 700.000 seguidores en Twitter. En resumen, las organizaciones deben estar presentes en Internet, pero en ningún caso es realista pensar que la red de redes sustituye a las organizaciones, así como tampoco lo hacen los carteles o las pegatinas.

Otro aspecto clave de una organización es su relación con los movimientos sociales. A lo largo de la historia hemos visto como algunas organizaciones han intentado convertir los movimientos sociales en correas de transmisión de sus intereses, intentado acomodar las actividades de un movimiento determinado a los intereses de la organización. Aquí existe un error de bulto. Ya en el Manifiesto Comunista, Marx decía que los comunistas no tenían ningún otro interés que el de la clase obrera. Es decir, una organización que participa en el movimiento 15M debe tener como principal interés fortalecerlo por todos los medios. Esto incluye, por supuesto, la necesidad de reforzar las ideas revolucionarias dentro del mismo. Se hace necesario construir la organización a la vez que se refuerza el movimiento. En realidad, construir la organización forma parte de la construcción del movimiento social, ya que todos los activistas de una organización de lucha están enfocados en construir el movimiento allí donde estén: barrios, universidades, centros de trabajo, institutos etc. La organización debe huir de dos tentaciones: el oportunismo en sus dos vertientes principales, es decir, (1) aceptar las ideas dominantes del movimiento sin discutirlas y (2) hacerse pasar por el movimiento. De ahí la necesidad de ser visibles y claramente distinguibles dentro del magma del 15M. Es por esto que estoy en desacuerdo con el concepto de ‘huelga de identidades’ propuesto por Amador Savater4.2. Savater dice que el éxito del movimiento estriba en su indefinición, argumenta que es un movimiento que supera las dos “Españas” siendo transversal al eje izquierda y derecha. Esta visión puede corresponder en alguna medida a lo acontecido en Madrid, donde la derecha sociológica es tan fuerte y está tan implantada que algunas personas pueden llegar a pensar que categorizar el movimiento sea un freno para su crecimiento. Aunque comprensible, esta visión es equivocada por dos motivos.

El primero es que confunde indefinición con independencia. Un movimiento debe ser independiente de cualquier organización, debe tener sus propios espacios de decisión democráticos y no ser correa de transmisión de nadie. La independencia del movimiento es clave, dado que los participantes deben sentir que sus decisiones cuentan y que no están siendo utilizados. De hecho, se dice que las revoluciones se dan cuando las masas toman las riendas de sus propias vidas.

El segundo error deriva del anterior ya que al confundir indefinición con independencia, las organizaciones no pueden mostrarse abiertamente. Así, el movimiento aparece como una multitud sin estructuras internas. Cuando se teoriza de esta manera se intentan hacer realidad los argumentos de Toni Negri4.3. Sin embargo, se está intentado acomodar una idea sobre una realidad en la que no encaja. En el movimiento existen organizaciones revolucionarias, reformistas, sindicales y también gente no organizada. Además, en el movimiento conviven personas con contradicciones que pueden tener ideas de derechas sobre la inmigración, el género o la sexualidad y, sin embargo, esto no quiere decir que el movimiento no sea de izquierdas o de derechas, sino que existen contradicciones. A pesar de que algunos neoliberales hayan “participado” en el 15M o hayan intentado arrimar el ascua a su sardina, la ocupación de las plazas y las reivindicaciones asociadas están plenamente ligadas a la izquierda. Mayor justicia social, menos poder para el capital, más democracia en sus respectivas versiones, son sin duda reivindicaciones de la izquierda. Cuando se dice que el movimiento no es de izquierdas ni de derechas se están abriendo las puertas al populismo y, por otro lado, se está dificultando que las personas con contradicciones puedan superarlas. Si tener ideas homófobas puede ser legítimo dentro del movimiento difícilmente las personas que las tienen las van a abandonar. Una vez más se confunde indefinición con evitar el sectarismo. Toda persona que quiera luchar es bienvenida, pero no todas las ideas lo pueden ser. La invisiblidad de las organizaciones contribuye a poca clarificación e incrementa las posibilidades de infiltración de sectores fascistas o de gentes como UPyD o Ciutadans. Con las organizaciones visibles todo el mundo podría saber quién está construyendo y quién está parasitando, quién quiere un cambio de sistema y quién no. La obsesión por ocultar a las organizaciones refleja una postura paternalista hacia la gente no politizada, en cierto sentido. En Barcelona pusimos una carpa y mesas en los aledaños de la Plaza Catalunya, donde era la acampada. Todo el mundo sabía que el movimiento no era En Lucha, aunque algunos activistas pensaran que esta posibilidad podía darse. La gente que quiso se acercó, algunos compraron nuestros materiales y algunos decidieron organizarse con nosotros libremente. Si llegado el momento no están de acuerdo se marcharán. Las personas, aunque estén más o menos politizadas, saben decidir por sí mismas. La cuestión es mostrar las cosas tal y como son para que no existan dobleces ni posibilidad de confusión. Ahora bien, esto no quiere decir que las organizaciones deban capitalizar el movimiento. Todo lo contrario, el movimiento con sus estructuras democráticas, una persona un voto a mano alzada en las asambleas, es quién decide la política del mismo. Las organizaciones revolucionarias deben estar a su servicio, tratar de fortalecerlo, expresar sus opiniones y respetar las decisiones de la mayoría. Nunca se debe caer en confundir al movimiento con la organización, por grande que sea esta última.

La organización anticapitalista debe tener una característica especial, debe tener raíces en la clase trabajadora ya que es ésta la que mueve el mundo, la que permite que el sistema funcione y, por lo tanto, la única que puede detenerlo y moldearlo hasta convertirlo en un tipo de organización social que provea justicia para la mayoría de la humanidad4.4. En la última parte de este folleto, en la que se hace referencia a las perspectivas, se habla de la clase trabajadora y su papel, de modo que en esta sección no aprofundizaré más sobre la cuestión de la clase.

Organizar desde ya a las y los activistas más conscientes y ganar personas a las ideas revolucionarias es un deber para cualquiera que se plantee la revolución social como algo posible y necesario.


Conclusiones: 15M ¿Y ahora qué?

Como tal, el movimiento por sí solo es incapaz de dar la vuelta al sistema. Esto únicamente puede ser obra de millones de trabajadores y trabajadoras, de todos los sectores, utilizando su fuerza económica para derribar la estructura del capitalismo, ya que dicha estructura se sustenta sobre el fruto de su trabajo. Ahora bien, el 15M ha conseguido una serie de victorias que no pueden ser minusvaloradas. Analizarlas nos permite entender la profundidad del movimiento y nos recuerda la necesidad de trabajar para fortalecerlo. Las revoluciones no son sucesos automáticos, sino procesos que cristalizan en cambios de sistemas, ya sean políticos o sociales. El 15M ha abierto un resquicio en una puerta que para algunos parecía cerrada para siempre, cualquiera que se diga revolucionario debe apostar por agrandar esa brecha.

Sólo conociendo los aciertos y los errores del movimiento podemos esbozar una perspectiva acertada. En la breve vida del 15M, este ha conseguido una serie de victorias que deben ser señaladas.

Primera victoria: ¡sí se puede!

Puede que al leer la primera parte del artículo esta parezca sobrar, ya que no narra ninguna victoria, salvo la reocupación de la Plaza de Sol. Sin embargo, esto no es así. De hecho, el surgimiento de este movimiento, que ha devuelto la esperanza y la confianza en la acción colectiva a decenas de miles de personas, ya es una victoria en sí misma. Vencer la apatía, la resignación, convertir las plazas en ágoras de democracia directa, desterrar el miedo y su derivada, el individualismo, desarrollar la solidaridad, devolver la esperanza y la confianza, traer a la superficie la dimensión colectiva de la vida humana como eje central de la misma, ha sido una gran victoria, sin duda la mayor de las hasta ahora conseguidas por el Movimiento 15M. Sin esta modificación de las conciencias, sin este nuevo optimismo aniquilador del miedo, ninguna de las otras victorias hubiera sido posible. A la vez, con cada victoria en las calles esta nueva conciencia del movimiento se ha hecho más fuerte. En resumen, frente al conformismo de lo menos malo propugnado por los voceros del neoliberalismo el grito desafiante de “¡Sí se puede!” atronando en miles de gargantas, incluso hasta un millón el 19 de junio, supone una gran victoria de un movimiento que ha venido para quedarse y que, aunque parezca mentira, solo lleva en acción dos meses.

Segunda victoria: la democracia real está en las plazas

El movimiento se ha desarrollado en las plazas, especialmente en forma de asambleas masivas, con moderaciones rotatorias, donde se ha votado a mano alzada y se han respetado las opiniones minoritarias, aunque esto a veces supusiera retrasos en la toma de decisiones. Miles y miles de personas decidiendo colectivamente cuestiones que iban desde las líneas generales del movimiento, creando una plataforma reivindicativa lanzada a la sociedad, conocida como “los mínimos”, al debate sobre si mantener un huerto o no en la plaza. Cocina y limpieza colectiva, servicios de salud, bibliotecas y guardería, entre otros servicios autogestionados. Todo esto ha sido contemplado por millones de personas a través del televisor e Internet, ofreciendo en vivo y en directo una alternativa a la disminuida democracia representativa actual. En la retina de miles de personas permanecerá la existencia de una democracia real donde cuenta la opinión de todas. Esta necesidad de más democracia está quedando plasmada de diferentes formas: reforma de la ley electoral, referéndums vinculantes, nacionalización de la banca como forma de democracia económica, entre otras. Y sobre todo, en la desafección hacia la partitocracia actual. Las formas democráticas del movimiento revelan un fondo político radicalmente diferente donde priman los intereses colectivos, donde la política no es un medio para forrarse o ascender en la escala social, sino un medio donde las personas se convierten en sujetos de su propio destino.

Tercera victoria: las plazas son nuestras

El Movimiento 15M, que es acusado por algunos (aquellos que no entienden el proceso dialéctico de la toma de conciencia) de ser naïf y blando en las formas y las reivindicaciones, ha conseguido en las calles algunas victorias impresionantes. De hecho, el 17 de mayo en Madrid y, especialmente, el 27 de mayo en Barcelona se resistió y venció a los antidisturbios de tal manera que durante unas semanas las manifestaciones espontáneas, los cortes de carreteras, etc., no eran interrumpidos por ningún dispositivo policial.

Por otro lado, se hicieron estallar las ordenanzas de civismo que prohibían acampar en las plazas, colgar pancartas o superar un límite de decibelios.

Se venció también a la Junta Electoral Central, celebrando asambleas de reflexión masivas la noche electoral. Muchos dirán con acierto que ganó el PP, pero olvidan que gobierne quien gobierne, si el pueblo está movilizado, aquello que deciden los parlamentos lo cambian las calles.

En Catalunya se fue un paso más allá y se señaló al parlamento catalán, un parlamento donde CiU y PP han aprobado los peores presupuestos de la historia. Se bloqueó simbólicamente, afirmando que existían y existen otras políticas posibles. Y pese a la campaña de criminalización lanzada por el gobierno de Artur Mas el mismo día 15 del bloqueo, la gente saludaba a los manifestantes por la tarde, los coches pitaban, la gente salía a los balcones, algunos reporteros se sentaron frente a la Generalitat con los manifestantes y llegó el 19 de junio y cientos de miles de personas tomaron las calles desbaratando totalmente la estrategia de Mas y Puig.

Cuarta victoria: acción directa para una vida mejor

El título de esta parte no es casual. En especial quiero llamar la atención sobre el movimiento Stopdeshaucios en el que la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y otros movimientos sociales y vecinales han tenido y tienen un papel muy destacado, asesorando a las familias en peligro de embargo, además de centralizando y difundiendo información muy valiosa para el movimiento. Pues bien, una vez apareció el 15M, el número de desahucios evitados ha crecido rápidamente. En muchas ciudades se organizan grupos que acuden en ayuda de los vecinos amenazados. El impacto está siendo tan grande que la policía está cambiando la forma de actuar y está empezando a cortar la calles donde se encuentran los inmuebles para impedir el paso de los piquetes antidesahucios. De nuevo, la confianza en la acción para influir en la sociedad está siendo clave. Algunos dirán que son pocos, pero más de 60 desahucios en dos meses empiezan a ser algo más que mero simbolismo.

Otro sector muy activo en este sentido está siendo el de la sanidad catalana donde los recortes pretenden cerrar hospitales y centros de atención primaria (CAP). Así, se pretendía cerrar el CAP de la Colonia Güell, un pueblo del extrarradio barcelonés, pero las personas mayores, en especial las abuelas, decidieron acampar en el centro de salud y después de una semana consiguieron mantener el servicio. Este ejemplo se ha extendido a Badia del Vallés, al Hospital Dos de Maig de Barcelona y en menor medida, también se ve reflejado en la luchas del Hospital del Mar y Bellvitge, entre otros.

Estos son dos ejemplos de muchos, como las acciones antirredadas de inmigrantes en el barrio madrileño de Lavapiés.

Quinta victoria: los políticos nos quieren cooptar

En la corta vida del movimiento ha habido varias etapas en cuanto a las reacciones de los partidos políticos. En un primer momento ningunearon las acciones. Cuando durante las elecciones vieron que el movimiento se extendía, lanzaron algunos guiños. Esperanza Aguirre llegó a hablar de listas abiertas. Después de las elecciones optaron por la represión en Catalunya, Valencia y Palma. Y hoy llama la atención el caso de Ru balcaba, en cuyo programa de candidato utiliza la música de las reivindicaciones del 15M. Iniciativa per Catalunya quiere convocar una reunión con el 15M en octubre y así podríamos seguir un rato. Si bien el intento de cooptación tanto de discurso como de personas destacadas en el 15M es un peligro real contra el que es necesario estar alerta, también demuestra que los partidos políticos se han dado cuenta de que existe un nuevo actor político al que deben neutralizar, algunos para que sus demandas no avancen y otros para continuar intentando monopolizar el espacio de la izquierda. Esto va a provocar que durante un tiempo intenten establecer una dialéctica con el movimiento y ahí radica, en parte, la oportunidad del mismo para apretar, para llevarse el gato al agua o, como se decía hace unos años, agudizar las contradicciones al máximo. Aprovechar su foco y resaltar que utilizan el discurso del 15M para realizar sus propuestas, a la vez que se mantiene la independencia radical del movimiento, puede ser clave en los próximos meses.

Sexta victoria: victoria económica

En estos momentos las victorias económicas están carísimas. Sin embargo, el 15M ha conseguido una que, aunque calificable de parcial, no deja de ser importante. La lucha por la dación en pago impulsada por la PAH que hoy por hoy es transversal a todo el movimiento, está poniendo contra las cuerdas al gobierno. Está agudizando sus contradicciones, ya que por un lado dice preocuparse de la gente y sus problemas y por otro, se niega a legislar una norma que afectaría a los beneficios bancarios. Aunque todavía no se ha conseguido la dación en pago de la vivienda, sí se ha conseguido modificar el mínimo embargable, es decir, aquella fracción del sueldo que no puede ser embargada para saldar la deuda con la banca. Hasta hace unos días era de 600 €, después de la última modificación es de 961 € para individuos sin familiares al cargo y algo más de 1.200 € para personas con hijos. Si bien no es una victoria total, esta modificación permite una vida más digna a las personas embargadas y es innegable que esto no se hubiera dado sin la existencia del 15M. Sin magnificarla, es necesario destacarla ya que muestra que los gobiernos si quieren, si tienen voluntad política, pueden resistir a los recortes.

Es impresionante como un movimiento de dos meses de vida ha cambiado el panorama y ha obtenido victorias en muchos campos de la vida. Desde posiciones revolucionarias es necesario luchar contra el mecanicismo y la denostación del movimiento por tener reivindicaciones reformistas (los mínimos). Estas son necesarias para mejorar la vida de la personas y a la vez contribuyen a establecer una relación entre el movimiento y los millones de personas que todavía no están en él. Estas victorias se han ganado a pulso en las calles con desobediencia civil. Millones de personas luchando por reformas de manera radical están mucho más cerca de la revolución que unos cientos de puristas. ¿Acaso no era reformista pedir la salida de Mubarak? Y la revolución egipcia continúa y, por si alguien no se acuerda o lo ignora, la revolución rusa se hizo al grito de Paz, Pan y Tierra.

Septiembre no es mayo: ¿el otoño puede ser mejor que la primavera?

Una vez pasado el primer momento de efervescencia, el movimiento debe analizar dónde se encuentra e intentar trazar una estrategia general. Teniendo en cuenta la inestabilidad del momento y siendo modestos en cuanto a la capacidad de previsión, sí que podemos decir que es muy probable que el PP gane las elecciones generales del 20N y cierta gente se desanime, que la recesión se profundice y que las políticas de recortes sigan marcando la agenda política.

Septiembre está mostrando las debilidades y fortalezas del movimiento. Las asambleas locales han parado desahucios, se han organizado manifestaciones como la del 18S en defensa de los servicios públicos, se ha participado en la manifestación del 25S por el derecho a la vivienda y en las del 29S a un año de la huelga general. Sin embargo, todo el mundo es consciente de que existe una cierta dispersión que está ocasionando un desgaste. De hecho, hasta finales de septiembre no se está empezando a hablar del 15 de octubre. Por otro lado, la gran dificultad de las asambleas para conectar con las luchas en defensa de la educación pública en Madrid o Galicia refleja la poca conexión del 15M con los centros de trabajo. Un tercer factor va a ser la estrategia a seguir hasta el 20N. Así, aparecen tres aspectos clave, relacionados entre sí, a tener en cuenta si queremos un “otoño caliente”. El primero es cómo superar la dispersión, el segundo es cómo conectar con la clase trabajadora y el tercero es cómo aprovechar las elecciones para fortalecer el movimiento.

Cuando hablamos de evitar la dispersión, no estamos hablando específicamente de cómo organizar la coordinación (también necesaria), sino de identificar unos ejes de lucha que permitan una acción colectiva desde las asambleas de barrio a las comisiones sectoriales y a nivel estatal. Que las personas individuales se sientan de algún modo identificadas con el movimiento. Evidentemente, esto tiene una derivada organizativa, pero la primera cuestión primera es identificar las prioridades del movimiento. Claramente las luchas sectoriales de los servicios públicos, sanidad y educación principalmente, van a marcar la dinámica política este otoño y de la primera parte del año próximo, en la que se van a aprobar los presupuestos del estado y de la mayoría de las comunidades autónomas. Priorizar estos ejes discursívamente y en cuanto a la acción va a ser clave si el 15M quiere conectar con capas amplias de la población. De esta manera, las acciones locales en defensa de los centros de atención primaria, de los hospitales o de los colegios públicos deben estar de alguna manera integradas en una estrategia general. Ya que CAP a CAP perderemos la mayoría de las batallas y al final perderemos la guerra. Aquí es donde se convierte en esencial la relación con la clase trabajadora organizada, es decir, con las bases de los sindicatos. Las huelgas están empezando a aparecer. Las trabajadoras deciden paralizar su producción para cortocircuitar el sistema y hacer valer su fuerza. Nadie puede anticipar una oleada de huelgas generalizadas. Sin embargo, sí que es seguro que habrá huelgas y que dependiendo del resultado de estas luchas, se reforzarán otras o cundirá la desmoralización. El 15M en Madrid intenta reforzar las luchas de los profesores, pero está siendo incapaz de hacer girar la actividad de las asambleas para apoyar a los institutos en huelga. Si las asambleas de Madrid apoyasen a los centros realizando piquetes, recogiendo dinero para las cajas de resistencia, organizando acciones frente a colegios e institutos, distritos, etc., la huelga saldría de las aulas para permear toda la sociedad. Una victoria de las profesoras sobre Aguirre abriría el camino para otras luchas. Superar el sectarismo con los sindicatos es clave. Todos sabemos que muchos dirigentes son unos vendidos y preferimos una movilización desde la base, pero debemos reconocer que si no arrastramos a las direcciones a luchar, la movilización es mucho menor. Por otro lado, si queremos dañar al sistema y pararle los pies a los recortes debemos golpear allí donde se produce el dinero, es decir, en los centros de trabajo, desde el Telepizza a los altos hornos, pasando por las empresas de diseño, etc. Esto es, debemos luchar para que las huelgas tengan éxito. Gracias a la huelga de educación en Madrid setecientas treinta y cinco interinas han sido contratadas, no para cubrir los días de huelga sino para cubrir bajas que no estaban siendo cubiertas. En Egipto y Túnez fue la generalización de las huelgas la que tumbó a los dictadores. Ocupando las plazas y manifestándonos dañamos políticamente al sistema, lo ponemos en contradicción, pero económicamente no le hacemos un rasguño, por lo que tenemos difícil ganar. Apoyar las huelgas nos permite disputar al sistema el control sobre la economía. De esta manera, las luchas se complementan, se producen sinergias que nos hacen más fuertes contra los poderosos. Es necesario recordar que la jornada de lucha que ha implicado a más gente en los últimos tiempos fue la Huelga General del 29S de 2010.

Otro factor clave va a ser la lucha contra los desahucios. En Barcelona se está intentado construir un frente que aglutine desde asambleas del 15M pasando por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, asociaciones de vecinos, sindicatos combativos y organizaciones revolucionarias. No podemos olvidar que los fascistas intentan entrar en el parlamento mediante Plataforma por Catalunya. Sin embargo, debemos priorizar y entender también que habrá luchas que vendrán de fuera del 15M y donde se participará de manera diferente, como va a ser la lucha en las universidades u otras que aparezcan. En todo caso, la defensa de los servicios públicos confluyendo con los trabajadores y trabajadoras en lucha debe ser una prioridad clarísima. Aquí podría entrar en juego una consulta social sobre ejes como vivienda, servicios públicos, deuda bancaria y repartición del trabajo, que nos permitiría estatalmente trabajar conjuntamente, cada asamblea a su ritmo. De esta manera, podríamos superar la dispersión a la vez que se respeta la autonomía de las asambleas. Esta consulta se podría realizar coincidiendo con la aprobación de los presupuestos, que se dará en el primer tercio del 2012 y así opondríamos la democracia desde la base a la partidocracia. Además será clave recuperar las asambleas masivas, verdaderos corazones y cerebros del 15M, donde se pueden integrar todos los niveles de participación. En los barrios la prioridad debe ser ampliar las asambleas, convertirlas en actores locales capaces de conseguir mejoras a la vez que las mantenemos conectadas con el movimiento en general, aquí entra de nuevo la susodicha consulta entre otras opciones, como manifestaciones generales periódicas.

Las elecciones

En cuanto a las elecciones, se van a dar diferentes opciones dado que el 15M es plural en este sentido como en otros. Habrá gente que prefiera la abstención, gente que abogue por votar en blanco, nulo o a tal o cual candidatura. Llevar este debate a las asambleas supone hacer estallar un movimiento cuyo desarrollo va a determinar en gran medida lo que suceda en los próximos meses. Es decir, llevar el debate partidista al movimiento sería un desastre. La posición general debería ser la ya mantenida en mayo. No votes PP, PSOE, vota en conciencia. Esta decisión impide la división interna a la vez que permite el debate sobre lo que representa la democracia parlamentaria. Sin duda, desde los diferentes sectores surgirán candidaturas, reformistas o anticapitalistas. Éstas deben poder hacerlo libremente pero en ningún caso, bajo ningún concepto, utilizar las asambleas para hacer campaña; de la misma manera deberían comportarse los abstencionistas. Desde un punto de vista anticapitalista se debe ser extremadamente respetuoso en este sentido, pero debe tenerse en cuenta que mucha gente del movimiento vota, que estas personas conciben el voto como una acción política más y que están buscando algo más allá de lo existente. Decir que el grito de “no nos representan” es abstencionista es igual de erróneo que cuando alguien se lo quiere atribuir. Ciertamente, existe gente abstencionista, pero también gente que quiere votar alternativas rupturistas. La noche del 22 de mayo durante la asamblea en Plaza Catalunya, cuando consultaba los resultados de las municipales en el “Smartphone”, toda la gente de alrededor preguntaba quién estaba ganando y si las candidaturas alternativas estaban sacando representantes. Es decir, si se decide montar candidaturas, éstas deben respetar la independencia del movimiento y el consenso básico anteriormente expresado, que fortaleció de manera increíble las asambleas durante el mayo pasado.

Salir de la crisis hacia un mundo mejor

Más allá de las elecciones es necesario plantearse una salida anticapitalista a la recesión económica. Durante las crisis, el capitalismo se encuentra sumido en una oleada de destrucción de recursos. La economía financiera acrecentó la tendencia a la superproducción del capitalismo. Así, la burbuja del crédito permitió que la economía real creciera. De ahí que al principio de la crisis todos los esfuerzos de la clase dirigente se dirigieran a reactivar el crédito y de ahí precisamente que la crisis no haga más que agudizarse. Con unas economías estancadas y con las políticas de austeridad, al reducirse la capacidad adquisitiva de la clase trabajadora, casi ningún país puede exportar, es decir, dar salida a su excedente de producción. El problema no es tan sólo recuperar el crédito sino dónde poner el excedente en un mundo que puede consumir mucho menos. Las élites reducen el déficit para tener dinero y así poder salvar a los bancos, esperando que las instituciones financieras presten dinero que reactive el consumo. Sin embargo, a cada nueva inyección de dinero sólo se consigue más especulación en la bolsa. El FMI (Fondo Monetario Internacional) y los gobiernos de la UE o EEUU están buscando una salida a la recesión aportando recursos públicos al sector privado causante de la crisis en su ciega competencia. Los planes de austeridad y los recortes asociados están hundiendo aún más las economías. Desde algunos sectores no gubernamentales de la socialdemocracia se aboga por reducir los recortes y reactivar la economía, tal como se hizo en los años treinta en EEUU con el New Deal. Esto en cierta medida supondría un alivio de la situación, al no aumentar el paro y sobre todo por conservar los servicios públicos, que son el fruto de la redistribución de la riqueza conseguida por siglos de lucha de la clase trabajadora. Pero no conseguiría reactivar la economía. Esto es debido a que el origen mismo de la crisis se encuentra en el núcleo central del capitalismo. Es decir, la tendencia a la superproducción, originada por la competencia ciega entre competidoras. Así, durante el boom todas las fábricas de coches crecieron para competir y poder ofrecer el mayor número de vehículos en el menor tiempo posible y hoy son incapaces de aprovechar toda su capacidad productiva y por lo tanto, bajo la lógica capitalista, deben despedir personas y bajar los salarios.

Una salida anticapitalista debe pasar por poner el foco de las prioridades en planificar la economía en función de las necesidades sociales y no en el beneficio de los empresarios. Es necesario que la sociedad decida de manera democrática qué se produce, para quién y cómo. Con el capitalismo es imposible una producción respetuosa con el medio ambiente, ya que éste concibe la naturaleza únicamente como fuente de materias primas. Esta planificación no sería desde arriba sino que constaría de diferentes niveles de integración según las necesidades. Sin embargo, no es el objetivo aquí hablar de cómo se organizaría en el futuro una sociedad socialista sino aportar algunas reivindicaciones que harían que la crisis no la pagaran las clases oprimidas. Se hace necesario un conjunto de demandas que puedan aglutinar el descontento general en la lucha para conseguirlas. Así, no pagar la deuda de los bancos y convertir a aquellos rescatados en bancas públicas es imprescindibles para parar los recortes. Precisamente otra demanda debe ser eliminar los recortes en los servicios públicos por injustos y por perjudiciales para las personas y también para la economía; todo lo contrario, se debería invertir en mejorar los servicios públicos. Otra demanda principal es la reducción de la jornada laboral a seis horas sin pérdida de salario, así se reduciría el paro y se aprovecharían las mejoras tecnológicas de las últimas décadas para mejorar las vidas de las personas y no para el beneficio de los jefes. La reforma electoral y constitucional son imprescindibles para profundizar en democracia, en especial en lo referente al bipartidismo y al derecho a la autodeterminación de las naciones. Un punto principal es la conversión del parque de viviendas vacías en manos de los bancos (unas 700.000) en un parque público de alquiler social, es decir, seguro y barato.

Luchar por estas demandas desde la base, desde los barrios, pueblos, ciudades y centros de trabajo pero de manera coordinada y manteniendo el carácter global del movimiento, nos va a llevar a conseguir victorias, ya sean parciales o totales. No podemos olvidar el carácter internacional del movimiento. Cada victoria en un punto del planeta va a reforzar a la totalidad del movimiento. La mejor manera de expresar el internacionalismo es luchar allí donde nos encontremos. Jornadas como el 15 de octubre deben repetirse lo más constantemente posible. Debemos atacar al núcleo del sistema: la economía. Para conseguir esto debemos esforzarnos en llevar la lucha a los centros de trabajo y en este camino es imprescindible esforzarse en reconstruir un sindicalismo combativo. Tenemos muchos retos y somos muy diversos, pero si no conseguimos un programa común dejaremos de ser ese pez compuesto de peces chicos que puede zamparse al grande, para volver a ser sardinillas que huyen frente a los tiburones del mercado.

Toda perspectiva ha estado, está y estará atravesada por esta disyuntiva. Pero aunque imprescindible, no basta sólo con luchar de manera unitaria, es necesario tener un análisis sobre el funcionamiento del sistema, una estrategia para superar los retos que van a aparecer y la capacidad para aplicarla.

La clase trabajadora: de la limpiadora al metalúrgico pasando por el gafapasta precario

El marxismo, entendido como un método dinámico para analizar el capitalismo, no ha sido superado. El carácter recurrente de las crisis, la tendencia al monopolio, el poder creciente de la banca así como las guerras imperialistas fueron descritos por distintos pensadores marxistas. Todos ellos insistieron en el papel central de la clase trabajadora como motor de cambio. Una clase diversa ya en el siglo XIX, desde obreros de fábrica a dependientes, limpiabotas, trabajadoras de la limpieza, obreras del textil, oficinistas e incluso soldados. Sin contratos fijos, sin seguro médico ni nada que se le parezca. Los trabajadores y trabajadoras son la mayoría de la sociedad de manera más clara hoy. Desde informáticos hasta diseñadores gráficos, pasando por personal sanitario y siguen teniendo el poder de parar el sistema ya que son ellos y ellas las que lo mueven con su esfuerzo diario. Alguien argumentará que las personas migrantes o las paradas no pueden ejercer ese papel. En el primer caso sólo recordar la huelga del Ejido, o la de los restaurantes en París o los recolectores de cítricos en el Peloponeso pasando por el increíble movimiento del Sí se puede de los EEUU. En todos ellos las personas migrantes han luchado utilizando su fuerza como trabajadores y en todos los casos han conseguido enormes victorias. En cuanto a las personas en paro sólo recordar como en los años 80 en el Estado español las asambleas de parados apoyaron las huelgas y se organizaron para exigir trabajo, tal como hicieron los piqueteros en Argentina durante la crisis de 2001. No podemos parar al sistema sólo con ocupaciones de plazas y manifestaciones. Al analizar el proceso revolucionario de Egipto observamos que Mubarak recibió el golpe mortal cuando la clase trabajadora empezó a utilizar su fuerza económica en el plano político. Las huelgas del canal de Suez y Mahala, entre otras, fueron definitivas, así como hoy lo están siendo para avanzar hacia la revolución social. Rosa Luxemburg ya habló de este proceso en su célebre libro la Huelga de Masas5.1. La fallida revolución alemana de principio de la década de los veinte, en la que fue asesinada Luxemburg, nos demostró que sin organización revolucionaria es imposible la revolución. Los pocos miles del partido de Luxemburg y Karl Liebnech fueron incapaces de contrarrestar las ideas reformistas del Partido Socialdemócrata Alemán SPD. No tenían la capacidad de proponer una estrategia general y mucho menos aún de llevarla adelante ganando los debates en los consejos obreros, eran demasiado minoritarios.

Ahora sí, final

Para finalizar, recordar las prioridades: evitar la dispersión, priorizar las luchas contra los recortes y no caer en la trampa electoral y, sobre todo, insistir en la volatilidad de la situación. Estamos en un momento especial, uno de esos momentos que se dan cada muchos años, donde la clase dominante no se pone de acuerdo (sólo hay que ver lo que pasa en la Unión Europea). Estamos en un momento en el que la gente empieza a sentir que ya no pueden continuar viviendo en las condiciones en las que lo hacían antes. Estamos en un momento en el que la revolución florece en Egipto y Túnez. Estamos en un momento en el que nos lo quieren quitar todo. No podemos saber qué va a pasar, no podemos elegir las circunstancias. Sin embargo, podemos decidir si luchamos o no, si resistimos o nos resignamos. La libertad real va mucho más allá de elegir Pepsi o Coca-Cola. De hecho, consiste en decidir si vas a luchar o no, si vas a tomar las riendas de tu vida con tus propias manos o te vas a resignar al papel que te asigna el sistema.

Hoy el 15M tiene cientos de asambleas locales y miles de activistas, si queremos avanzar hacia una sociedad mejor es imprescindible llevar los debates al máximo número de asambleas, a los centros de trabajo y de estudio y a los barrios, pueblos y ciudades. Pensamos que la mejor manera de hacerlo es organizando a las personas que quieran luchar por la revolución, discutiendo sobre táctica y estrategia a la vez que construimos la herramienta para llevarlas adelante. Eso es lo que proponemos: una organización capaz de intervenir en las luchas, una organización que respete la democracia del movimiento pero capaz de aportar ideas y los medios para conseguirlas.


Apéndice: Cómo conseguimos una democracia real

En estos momentos, marcados sin duda por el impacto enorme del movimiento de las acampadas, resulta fácil hablar de los límites del parlamentarismo. En el sistema actual, las personas votan una vez cada cuatro años a unos partidos que se hinchan a prometer cosas durante la campaña electoral y luego, durante cuatro años, hacen lo que les da la gana e incluso legislan contra el programa por el que fueron votados y no pasa nada. De hecho, Lluís Llach denunció al PSOE por el fraude programático de la OTAN, y los tribunales le dieron la razón moral, pero no legal. Sin embargo, esta estafa no es más que el síntoma de lo que representa este tipo de democracia, no el fondo. Es cierto que la libertad de voto, el librepartidismo —aunque aquí está cercenado debido a la Ley de Partidos pactada por el PP y el PSOE— y el sufragio universal representan avances democráticos muy importantes.

Se supone que los políticos rinden cuentas al pueblo cada cuatro años. ¿Pero qué pasa durante esos cuatro años? ¿Dónde queda la soberanía popular? Nos dicen que está en las cortes estatales o autonómicas, en las diputaciones o en los ayuntamientos. Y ahí es donde aparece uno de los primeros límites: la revocabilidad de los cargos. Zapatero decidió llevar adelante la Reforma Laboral y la de las pensiones, y Aznar decidió ir a la guerra de Irak. Lo hicieron con la oposición de la inmensa mayoría de la población, pero siguieron más o menos plácidamente en sus cargos, ya que el pueblo no tiene mecanismo alguno con el que revocar un cargo. En las comunidades autonómicas y en los ayuntamientos pasa lo mismo, por no hablar de las diputaciones provinciales, en las cuales los alcaldes eligen al diputado provincial (normalmente, un desconocido para la mayoría de la gente).

Un segundo límite del parlamentarismo, y el más importante, estriba en la inexistencia de una democracia económica. Las inversiones de las empresas y lo que producen son decisiones que toman los empresarios sin tener en cuentas las necesidades de las personas. Actualmente, cada día está más claro que los gobiernos se arrodillan ante las instituciones financieras y gobiernan acorde con lo que dichas instituciones les dictan. ¿Cómo podemos esperar una democracia real si no podemos decidir cómo y qué se produce, para quién se produce y a qué precio se vende? Habrá gente que diga que éste es el sistema menos malo, que las dictaduras o las repúblicas del mal llamado bloque comunista son peores. De estas últimas sólo decir que, como reconoce Sánchez Gordillo, alcalde de Marinaleda, se regían por un “Capitalismo de estado”. De hecho, China representa este régimen social de manera paradigmática: condiciones draconianas para la mayoría de la población, oligarcas del partido forrándose día a día; aunque eso sí, en cada pared se pueden encontrar retratos de Marx, Engels y del omnipresente Mao.

Sin embargo, no es cierto que éstos sean los únicos sistemas posibles, ni mucho menos. Estos sistemas responden a la correlación de fuerzas entre los de arriba y los de abajo, entre la clase trabajadora y la burguesía. De hecho, en los momentos en los que las tornas se han cambiado y el pueblo ha tomado el poder, la capacidad de autoorganización del mismo ha originado nuevas formas de organización social, radicalmente democráticas. Uno de los primeros ejemplos fue la Comuna de París, que duró del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871. En esos pocos meses la Comuna decretó y consiguió la autogestión de las fábricas abandonadas por sus dueños, la creación de guarderías para los hijos de las obreras, la laicidad del estado, la obligación de las iglesias de acoger las asambleas de vecinos y de sumarse a las labores sociales, la remisión de los alquileres impagados y la abolición de los intereses de las deudas y la revocabilidad de los cargos. Tenemos, también, la experiencia de los Soviets (consejos de obreros, campesinos y soldados), que surgieron espontáneamente durante la Revolución de 1905 en Rusia y que posibilitaron el triunfo de la Revolución de 1917. Precisamente el hecho de abandonar la revocabilidad de cargos y la democracia directa radical –cosa que se debió, en gran parte, a una guerra civil que destruyó buena parte de la clase trabajadora— fue unas de las causas de la degeneración de la URSS. En Catalunya y Aragón, sobre todo, durante la Guerra Civil de 1936 estalló una revolución en la que se colectivizaron la mayoría de las fábricas, los transportes, los hoteles, las tierras e incluso los limpiabotas. La colectivización ocasionó, a veces, algunos problemas pero, en general, supuso una gestión infinitamente mejor, más equitativa y más democrática de los recursos sociales.

No hace tanto tiempo, en el Chile de Salvador Allende encontramos entre 1972 y 1973 los Cordones Obreros (asambleas) que gestionaban las fábricas, las minas, la distribución de alimentos de manera horizontal y democrática. En los primeros momentos de la Revolución Iraní (1978-1979) hubo consejos obreros llamados Shoras. Y más recientemente, en la misma organización de las plazas, desde Egipto y Túnez hasta Barcelona o Madrid, donde la asamblea es decisoria, las personas que moderan y hablan son rotativas, vemos indicios de cómo podría organizarse una sociedad diferente.

No existe ninguna barrera humana para construir una sociedad sin clases y sin injusticias, sin opresión de ningún tipo y respetuosa con el medio ambiente. Como decía el paleontólogo Stephen J. Gould: “la violencia, el sexismo y la sordidez son biológicos, puesto que representan un subapartado de todo un posible abanico de comportamientos. Pero la tranquilidad, la igualdad y la amabilidad son igual de biológicas —y veríamos su influencia si pudiéramos crear una estructura social que las permitiera florecer”.

A lo largo de la historia, durante las revueltas y las revoluciones, se ha demostrado una y otra vez que es posible un mundo diferente donde florece lo mejor de las personas. Los imperios siempre han hecho lo indecible para aplastar esas experiencias y desterrarlas al olvido. No sabemos a ciencia cierta cómo será el mundo que llevamos en nuestros corazones, pero de una cosa podemos estar seguras: será radicalmente democrático, pleno de justicia social y de solidaridad entre las personas y los pueblos.


Nota final de los autores

En el momento de finalizar este folleto la policía había comenzado a detener a algunos activistas que participaron en el bloqueo simbólico del parlamento el 15 de junio de 2011 en Barcelona. Se trataba de un intento de frenar el Movimiento 15M y de dividirlo entre violentos y no violentos justo antes de que comenzara la semana del 15 de octubre. Superar estas amenazas, combinando el deber de solidaridad con las compañeras detenidas y encausadas con la organización de la manifestación global del 15O -y de otras movilizaciones futuras- se estaba convirtiendo en una nueva prioridad del movimiento. La mejor manera de convertir en realidad el eslogan: “si nos tocan a una nos tocan a todas” era movilizar al mayor número de gente posible ese día, como finalmente ocurrió. Al igual que el 19J, cuando cientos de miles de personas salieron a la calle, parando la campaña criminalizadora lanzada por el gobierno catalán tras los hechos del parlamento.


Notas

2.1. La lucha contra Bolonia y el Movimiento Estudiantil. Varios Autores, 2009. Ediciones En Lucha.

3.1. Nadie es Neutral en un tren en Marcha. Howard Zinn, 2001. HiruFreire.
3.2. Pedagogía del oprimido. Paolo Freire, 1992. Siglo XXI.
3.3. Lenin Obras completas. Akal Editor, 1977.

4.1. Partido y clase: las diferentes concepciones. Chris Harman, 1969. Ediciones En lucha
4.2. Apuntes acampada Sol (5) Blogs Público. Amador Savater, 26 de mayo de 2011.
4.3. Multitud. Guerra y Democracia en la era del Imperio. Michel Hardt y Antonio Negri, 2004. Debate.
4.4. ¿Es la naturaleza humana una barrera para el socialismo? Jhon Molineux. Ediciones En lucha.

5.1. Huelga de Masas. Rosa Luxemburg. Fundación Federico Engels, 2003.

Formulari de subscripció

Omple aquest formulari si vols subscriure't a alguna de les nostres publicacions.

Diari En Lluita i revista L'heura - 25€ / any
Diari En Lluita - 15€ / any
Revista L'heura - 12€ / any

×